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Adoración Guamán: Mujeres, trabajo, crisis económica y legislación laboral en España: De mal en peor

20 maig

imageTal y cómo la mayoría de las personas saben muy bien, España, y su mercado laboral en particular, han sido profundamente afectados no sólo por la crisis económica y política, sino también por las medidas de austeridad. El aumento del desempleo ha sido espectacular, al igual que el aumento de la desigualdad social y el creciente riesgo de pobreza: la tasa de desempleo ha pasado del 8,2% en 2008 al 26% en 2013 y al 24% en 2014. Todos estos factores tan determinantes que el PP de Mariano Rajoy oculta en un discurso de propaganda política, los estudia y revela Adoración Guamán, profesora titular de Derecho del Trabajo en la Universidad de Valencia, directora de la FEC (Europe of Citizens Foundation) y una investigadora muy destacada en mercado laboral y las desigualdades que el sesgo de su legislación ha provocado.

Mujeres, trabajo, crisis económica y legislación laboral en España:
De mal en peor

Protesta d'infermeres i auxiliars sanitaris a l'Hospital Vall d'Hebron. / MASSIMILIANO MINOCRI

Protesta d’infermeres i auxiliars sanitaris a l’Hospital Vall d’Hebron. / MASSIMILIANO MINOCRI

Empeoramiento de las condiciones laborales para mujeres

Esta gran recesión está afectando a mujeres y hombres de manera diferente, y ha tenido un gran impacto en una serie de desequilibrios de género ya anteriormente existentes. Algunas brechas de género se han reducido (al menos cuantitativamente), pero lo más importante es que hay otras que han aumentado. Como muchos autores han demostrado, las recesiones siempre conducen a un empeoramiento de las condiciones de trabajo para las mujeres trabajadoras. Mujeres necesitan más tiempo que los hombres para salir del desempleo y, además de eso, también tienen que lidiar con salarios más bajos, empleos más precarios, más puestos de trabajo a tiempo parcial y una mayor presencia en la economía sumergida.

Reducción negativa de las desigualdades de género

Sin embargo, desde 2012 varios analistas importantes, incluyendo expertos gubernamentales, han hecho hincapié en que está teniendo lugar una especie de convergencia entre la situación que viven hombres y mujeres en lo que respecta al empleo y el desempleo. Es cierto que la realidad de las mujeres en el mercado laboral español ha cambiado considerablemente en comparación con la situación en el pasado. Si nos fijamos en la última década, podemos ver que el número de mujeres que deciden entrar en el mercado laboral ha aumentado del 40% en 2002 al 53,3% en 2013, aumentando aún durante los peores años de la crisis. Por otra parte, no podemos negar que la caída de la tasa de empleo de las mujeres ha sido menos severa que la de los hombres. Si miramos más de cerca las tasas de desempleo, se observa que entre 2006 y 2013 la tasa de desempleo de los hombres aumentó del 6,4% al 25,8%, mientras que para el mismo período el desarrollo de desempleo entre las mujeres experimentó un aumento del 11,3% en 2006 al 27% en 2013.

Ligera recuperación para hombres

Estos datos, sin duda, muestran una reducción en la brecha de género en relación con el proceso de entrada en el mercado laboral. Pero también es evidente que este fenómeno no ha tenido lugar fundamentalmente debido a una mejora en la situación de las mujeres, sino debido a un empeoramiento de la situación de los hombres. Por otra parte, cuando examinamos las estadísticas, podemos ver que en la actualidad el nivel de empleo de los hombres se está recuperando más rápidamente que el de las mujeres. De hecho, después de alcanzar un pico de desempleo en 2013, el desempleo de los hombres se ha reducido en dos puntos a lo largo de un año, mientras que la tasa de desempleo femenino ha vuelto a aumentar. Este no es un fenómeno relacionado exclusivamente al mercado de trabajo español; esta es una tendencia internacional. La OIT ha señalado, “el comienzo de la crisis vio una reducción moderada de la brecha de desempleo entre los géneros, sobre todo porque la pérdida de empleos se ha concentrado en sectores dominados por los hombres”. De hecho, el proceso real de recuperación leve del empleo se está produciendo, sobre todo, en sectores en los que se trabajan predominantemente hombres (por ejemplo, la construcción), lo que hace que la brecha de género vuelva a crecer.

Pero el desempleo no es el problema más apremiante que enfrenta el mercado de trabajo español y sus trabajadoras. Los trabajadores precarios no van a poder cambiar su situación – y esto afecta especialmente a las mujeres.

La precariedad ha llegado para quedarse

Podríamos definir “precariedad”, como “el conjunto de condiciones materiales y simbólicas que determinan una vida de incertidumbre en relación con el acceso sostenido a los recursos esenciales para el pleno desarrollo de la vida” (Precarias a la Deriva, A la deriva por los circuitos de la precariedad femenina, Madrid: Traficantes de Sueños, 2004). Como señalan sus autores, esta definición es dinámica: refleja una situación pero también describe la condición tradicional de la mujer en el mercado laboral capitalista. Esta condición de vulnerabilidad está siendo compartida hoy por muchos trabajadores y trabajadoras.

El trabajo precario no sólo es consecuencia de un conjunto de factores, también es una herramienta utilizada por los empleadores para traspasar los riesgos y las responsabilidades a los trabajadores. El trabajo precario, realizado tanto en la economía formal como en la informal, se caracteriza por la incertidumbre y la inseguridad causada, por ejemplo: por contratos temporales, agencias de trabajo temporal, trabajo a tiempo parcial, contratos de formación, bajos salarios, pensiones bajas, e incluso dificultades para unirse a un sindicato y el acceso a derechos de negociación colectiva o el aprovechamiento mayoritario de las medidas de conciliación existentes para las mujeres, así como a la falta de medidas eficaces de corresponsabilidad.

Las medidas de austeridad incrementaron la discriminación de género

Todas las reformas laborales desde 2010 han empeorado esta situación de precariedad, y debemos recordar que estas reformas se han realizado siguiendo las recomendaciones específicas para cada país dictadas por el Consejo de la Unión Europea. Tras un análisis a fondo de las principales categorías de “precariedad”, hemos visto que las mujeres tienen más contratos de formación (28.880 contratos de formación entre 2012 y 2014 para las mujeres y 13.700 para los hombres) y más trabajo a tiempo parcial (en 2013 el 26,28% de la contratación femenina fue con un contrato a tiempo parcial; el 73,35% de los contratos a tiempo parcial fueron para las mujeres). Por otra parte, la brecha salarial en España pasó del 16,1% al 19,3% entre 2008 y 2013, y la pensión media de jubilación asciende a 1.288 euros para los hombres y a 874 euros para las mujeres. Junto con estas condiciones de empleo, nos encontramos con que la baja por maternidad la utilizan, en su mayoría, las mujeres, mientras que menos del 2% de los hombres optan por tomar un permiso parental. En España, los trabajadores masculinos también tienen el derecho reconocido al permiso de paternidad, sin embargo, este permiso sólo dura 13 días. La brecha de género es similar si observamos el uso de ciertas formas de permiso para cuidar a los hijos o familiares. En 2013, el 94,5% de los que pudieron tomar un permiso para cuidar de sus hijos eran mujeres. Entre los que se acogieron a un permiso con el fin de brindar atención a los familiares, el 85,2% eran mujeres.

Demandas de cambio a través de un Proceso Constitucional

Esta situación muestra claramente que las viejas políticas públicas españolas, destinadas a lograr la igualdad, han fracasado y que las nuevas políticas, en consonancia con las medidas de austeridad, están incrementando la discriminación de género. La superación de esta situación exige medidas más radicales. En términos legales, exige un cambio profundo en nuestro marco constitucional y legal para obtener el reconocimiento y el respeto de los derechos de los trabajadores y para eliminar la división sexual del trabajo, tanto de jure como de facto, eliminando así los verdaderos obstáculos que encontramos en el comportamiento de los empleadores y trabajadores. Para ello, las disposiciones constitucionales y legales se deben dirigir, por un lado, a evitar la precariedad, a aplicar garantías que aseguren el trabajo en condiciones de dignidad y estabilidad, con una protección especial a las categorías de trabajadores que ya están discriminados (en este sentido, Izquierda Unida y la Fundación Europea de los Ciudadanos están desarrollando una propuesta de “trabajo garantizado”); por otro lado, es necesario aplicar disposiciones que nos permitan promover la corresponsabilidad en los trabajos de cuidados a nivel constitucional con el fin de modificar la división sexual del trabajo. Estas dos condiciones se podrían lograr a través de un proceso constituyente, que es una de las propuestas políticas más importantes que perseguimos actualmente en España.

Fuente: Transform

 
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Posted by a 20 maig 2015 in Gènere

 

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