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En el lado oscuro de la globalización

18 set.

Money, it’s a crime… (The Dark Side of de Moon)

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Una denuncia e investigación imprescindibles de Isabel Vallet y Albano Dante acerca del VISC+ nos revelan una pequeña muestra sobre cómo se está tendiendo la alfombra roja para los nuevos Tratados TTIP/TISA, (mientras tanto, tan secretos) que van a constituir la ley del nuevo orden donde se mercantiliza nuestra privacidad, nuestra salud, nuestra vida.

Un poco de historia sobre Tratados

Los Tratados TTIP/TISA que ahora nos amenazan desde el lado oscuro de la globalización son mucho más la concreción de la “corporatocracia” que ya está gobernando el mundo que lo que pretender ser: “inocentes” Tratados de comercio que nunca fueron para beneficio de ambas partes y demostraron la falsedad de la teoría de las “ventajas competitivas” que pretendían justificarlos. Sólo hay que saber leer la historia y entender cómo avanza desde el surgimiento del capitalismo. Un ejemplo cercano: Portugal e Inglaterra subscribieron en 1702 el Tratado de Methuen, que vinculaba colaboración militar con el comercio de vinos portugués y la exportación de tejidos de lana británicos, y que acabó representando que Portugal dedicara prioritariamente sus tierras fértiles a producir vino (en especial Porto) y su economía no pudiese escapar del “monocultivo” y desarrollar su industria. Pero además, dado que la demanda portuguesa de tejidos ingleses era mucho mayor que el valor de su exportación vinícola, desde el pais más occidental de la península también se generaron grandes deudas que se saldaba con el oro y piedras preciosas que Portugal extraía de su gran colonia Brasil: gracias a ello, el desarrollo económico desigual pudo esconderse -aunque a duras penas- en el siglo XVIII, pero fue ya tan inapelable desde entonces como lo es ahora. Y en el otro lado de la península, mucho antes, la incipiente globalización del dinero (aunque ya podríamos utilizar el concepto de capital) nos la resumió Quevedo con sus famosos versos: “Nace en las Indias honrado, Donde el mundo le acompaña; Viene a morir en España, Y es en Génova enterrado.”

La mercantilización globalizadora que irrumpe en nuestra vida

Los Tratados globalizadores han ido ampliando su ambición, y penetran ya en la intimidad de los datos que nunca quisiéramos ver publicados, y en los recovecos más escondidos de nuestras vidas. No es abusar de las palabras hablar de los abusos de una mercantilización que apunta maneras neofascistas, promovida por las corporaciones transnacionales, en especial de servicios financieros, en su único y exclusivo beneficio. Esta mercantilización supone para muchas personas -en lo que supone de mayor dureza de sus condiciones de vida, privaciones y miseria- revivir y sufrir en el siglo XXI los inclementes tiempos de los inicios de los Tratados. Entre otras cosas, porque se ha roto -e invertido- el equilibrio de un Contrato Social de ciudadanía que suponía construir una sociedad de mayor igualdad de rentas y oportunidades, donde quedaba relegada la caridad y las acciones de beneficiencia a la intemperie de los derechos.

Todo lo que la humanidad ganó en regulaciones que ponían límites a la avidez de las empresas más voraces o los banqueros más usureros se quiere degradar al nivel más bajo armonizando con el TTIP/TISA la desprotección de las condiciones del mercado laboral, el mundo del arte, la investigación y las patentes… Y los últimos bastiones del llamado estado del bienestar: sanidad y enseñanza. Un ejemplo del que también nos habla Albano Dante el NHS del Reino Unido ya se ha “armonizado” con las empresas de la sanidad privada de los USA con la Ley del 2012 de Sanidad y Atención Social. Para peor, naturalmente, visto desde el lado de la población.

Seguir jugando con los conceptos

imageDel mismo modo que para justificar el Tratado de Methuen se teorizan unas falsas “ventajas competitivas” de los países, se juega hoy en el VISC+ con “diálogos competitivos” entre empresas dispuestas a saquear lo público. Piensan los estultos que mencionar la palabra “competitividad” ennoblece y justifica cualquier acto de piratería, cuando la reflexión honesta nos conduce a denunciar la desnudez del rey, o lo que es lo mismo, que la “sana competencia” no existe, y la “competitividad” es la variante de nuestro tiempo de un engendro nacido de alimentar en una sociedad en descomposición los más bajos instintos, los prejuicios malthusianos y la descarnada ley de la selva.

Y otro engaño del VISC+ (aunque no es ni mucho menos el último): “disponer de los datos de las historias clínicas favorecerá la investigación y mejorará las condiciones de salud”. Si es así, ¿por qué nuestra juventud investigadora mejor preparada tiene que seguir buscando laboratorios y Universidades donde poder seguir firmándose y desarrollar sus capacidades lejos de Wert y de esta España voluntariamente descerebrada? Y, en otro sentido, si tan crucial es su misión, ¿Por qué no empiezan las multinacionales citadas en el artículo de Cafeambllet a investigar, previo consentimiento, con la población reclusa, tan físicamente fácil de controlar y donde la intimidad prácticamente es entelequia? (Por el contrario, en las cárceles aumenta la transmisión de enfermedades infecto-contagiosas, no se pone coto a las violaciones y se incrementan las enfermedades mentales y la tasa de suicidios.) O para acabar, ¿por qué no se brindan los beneficios de firmar parte de una investigación sobre sus historias clínicas a otra población en peor situación incluso, como la de los CIE’s, a quienes por el contrario se llega a negar atención médica con resultado de muerte en algún caso tristemente probado?

La respuesta es fácil: porque mienten cuando prometen que sus maniobras implican beneficios para la mayoría. No, Tratados, Pactos y Acuerdos como los TTIP/TISA, VISC+ y otros caballos de troya de esta globalización en el lado oscuro no mejoran las vidas de la mayoría de las personas. Son los instrumentos de un nuevo orden deshumanizado y cruel que irrumpe sin respeto en la intimidad y equilibrio precario de nuestro día a día, destroza nuestra convivencia y nuestras redes sociales de apoyo y convierte nuestra autonomía en precariedad y nuestra solidaridad en heroísmo… No queda tan lejos la amenaza -que hiela la sangre- de que vuelvan a llamar a nuestra puerta al romper la madrugada.

 

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