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Reivindicación de la Energía Liberada de Rosa María Artal

01 jul.

imageLa Universidad de Viena ha publicado un estudio en el que menciona a eldiario.es como uno de los medios políticos en Twitter con más influencia en las conversaciones relacionadas con las últimas elecciones europeas, y entre las periodistas que sobresalen en el trabajo figura en lugar destacado Rosa María Artal. La periodista y escritora ha trabajado, publicado y editado mucho y bien, pero quisiera recordar hoy que en noviembre del 2011, pocos meses después de Reacciona, salió a la venta La energía liberada, un gran ensayo en solitario que llevaba como subtítulo “El estallido social de un mundo en crisis”. La energía liberada se publicó en un momento confuso para España, entre los últimos alientos de un gobierno que amplió los derechos cívicos hasta la vanguardia europea cuando, desde el punto de vista económico, se dejaba apresar –e imponía— unos irracionales grilletes de desigualdad que iban a mellar de forma grave el apoyo de sus partidarios.

Escribí entonces que personalmente nunca creí demasiado en el poder de la palabra escrita, pero –aunque no era intención de la autora ni estoy segura se escribió para tan cortas coyunturas— pero había que lamentar (después de unas elecciones que dieron una mayoría absoluta al PP difícil de resistir) que La energía liberada no hubiera podido ni siquiera amortiguar, en alguna medida, los graznidos voraces de tanta gaviota. No me malinterpreten: el texto no muestra inclinación ni parentesco –para nada– con opciones partidarias en el sentido tradicional, pero el proyecto intelectual y vital que contiene está en las antípodas de esas mayorías absolutas de neutrinos parásitos, “sumideros de energía” que están lejos de aportar ideas propias pero que nos quitan fuerzas para construir una sociedad más justa. Porque la autora sí tomaba partido por otra interpretación de la realidad, por otra manera de vivir y ejercer la solidaridad, y por sembrar semillas de empoderamiento ciudadano (y su texto nos permitiría, más adelante, entender cómo y por qué de lo más hondo de un núcleo al rojo vivo, siguen brotando nuevas oleadas de lava que cambian, quizás definitivamente y para mejor, el paisaje político).

El hecho es que Rosa María Artal escribió un magnífico libro de periodismo que conserva toda su vigencia. Se trata de un texto bien documentado, en el que la autora utilizó el buen hacer de su oficio para levantar acta de las claves, anotar los puntos de inflexión, avisar cuándo han aparecido nuevas grietas en las estructuras sociales, y cómo el musgo del la mediocridad y del hastío ha empezado a esconder, peligrosamente, profundos intersticios. Rosa María Artal desconfía de los panoramas sociales sin relieve y nos convidaba de nuevo a explorar horizontes, a no huir de las contradicciones, a sumergirnos en los conflictos. Invitaba a desplegar con ella velas, gavias y trinquetes para dejarnos arrastrar por los vientos de los pueblos, para huir de esta aparente calma chicha de la trampa y la mentira, donde medran los bueyes y los corruptos. Ayudaba a compartir esa energía que nos envuelve abriendo puertas y ventanas, y avisaba de los momentos en que el mundo, aunque parezca que se detiene, avanza y se ilumina, y nos enseña a utilizar los instrumentos de su oficio para detectar trampas de lenguaje y perforar las opacidades del sistema.

Rosa María Artal utilizaba la visión panorámica imprescindible para entender por qué en un determinado punto del planeta se agrieta la corteza y brota una esperanza inesperada (ya sea en Sol, o en la plaza Tahir, o en Zuccotti Park) y de su mano podíamos recorrer países gravemente amenazados (Grecia, Portugal, Letonia) países que se levantan (Islandia) y países fantásticos que se enseñorean de nuestro paisaje mental (Equidistán) para que el discurso público de los medios se hunda y confunda en un trémolo amedrentado: por el contrario, su discurso vibrante nos prevenía de los tonos monocordes que hace indistinguibles las verdades de las mentiras

imageSeguramente habrán leído algunas malinterpretaciones que confunden y circunscriben –por pereza de lectura o por esa tendencia tan española de quedarse en el mensaje aparente de los titulares, La energía liberada a un intento más o menos comercial de explicar el 15-M. Pero lo cierto es que el trabajo emprendido por la periodista y escritora es de muchísimo más calado, y se remonta con acierto a los orígenes de la crisis, nos revela sus causas, se detiene en tono especialmente acusador en la corrupción y no rehúye identificar los personajes que interactúan en el desastre, ya sean de carácter político, social o económico. La propia autora lo explicaba: “No es un libro `del 15M”, aunque contenga una detallada descripción del movimiento. He tratado, sobre todo, de aportar información esencial sobre la génesis de la crisis en todos sus detalles, incluso en los indispensables antecedentes que nos hablan de una estrategia diseñada. Desde el mismo mes de Noviembre de 1989 cuando –recién caído el Muro de Berlín y con él el bloque contrario- se firma el Consenso de Washington (seguido del Consenso de Bruselas) que –con premura extrema- adapta para el mundo lo que los neoliberales venían aplicando en Latinoamérica y África, con justificaciones varias y en lugares que pasarán más desapercibidos”.

Pero si nos centramos en los efectos sin repasar, con Rosa María Artal, las causas y sus responsables, contribuiremos no sólo a empequeñecer injustamente su propuesta, sino que también le inyectaremos, de la manera más injusta, caducidad: les aseguro que La energía liberada trasciende, de largo, la por otro lado loable tarea de relatar en cronologías de mayor o menor densidad, lo que sólo es un momento (o un resultado parcial e incompleto, si se quiere) de las tensiones que han venido rompiendo equilibrios, desequilibrando pactos, y repartiendo sesgadamente responsabilidades y culpabilizaciones inmerecidas, mientras los auténticos responsables siguen dictando su voluntad desde áticos decorados con especies en extinción y reciben torpes indultos que alejan para muy, muy tarde, la esperanza socialdemócrata –hoy tocada y no se sabe hasta qué punto hundida– de recuperación. De alguna manera en Reacciona lo adelantaba al escribir en mi texto sobre las estafas cotidianas: “El sueño socialdemócrata ha muerto y el capitalismo arrogante toma por bandera la falta de equidad, la explotación y las desigualdades: inicia un retorno al futuro que sólo conduce a la barbarie.”

Lo que entonces no sabía todavía es hasta qué punto, en España, las torpezas de última hora se iban a sumar a cesiones políticas surgidas en las antípodas de la democracia, e impuestas de forma antinatura a los restos del naufragio socialdemócrata. Las políticas neoliberales, nos decía Rosa María Artal, pueden calificarse de suicidas para la población (no desde luego para sus privilegiados beneficiarios) y sólo basta mirar sus resultados. Pero son también letales para los gobiernos democráticos que quieren imponerlas. Lo estamos viendo también en Europa con el trampantojo de la “tecnocracia” en el poder que salta sobre los programas y los escaños elegidos en Grecia o en Italia, que hunde con rapidez en las arenas movedizas al presidente griego que se atreve a proponer que el pueblo opine, y que abre para España un futuro demasiado incierto, con mayorías más que absolutas, aplastantes, utilizadas para avalar programas ignorados, deliberadamente ocultos. Cuando se descubra la dureza del modelo se pondrá de nuevo a prueba la solidez de una corteza social trabajosamente anestesiada.

Rosa María Artal no es sólo una excelente periodista y escritora. Tiene el don de captar lo esencial de una situación, por complejo que sea, y explicarlo de forma clara. Además, es también especialmente feliz en esta labor nada fácil de “titular”, tarea que me parece extremadamente difícil y en la que sólo los buenos periodistas consiguen destacar. Rosa Maria Artal demuestra su domino de esta técnica en las portadas de sus libros. Hay títulos que se ajustan como un guante a su contenido y que sintetizan perfectamente, con honradez, la invitación al diálogo entre autor y lector. Quienes seguimos el blog de Rosa María Artal (que no por casualidad se llama “El periscopio”) entendimos enseguida que le quedó mucho, demasiado por contar, analizar y proponer desde la “La sociedad desinformada”, el texto que firmó en Reacciona.

Con una capacidad de trabajo casi inhumana –Rosa María Artal se permite pocas concesiones y descansos cuando ha emprendido un proyecto– podemos retomar el desafío con el que nos invitó a reaccionar, poniéndonos al día de todos los movimientos que hemos vivido en los últimos años, los últimos meses o semanas y que desde las capas más profundas de la sociedad cambian mapas y modelos desde el privilegiado punto de vista de la autora, y originan ondas tectónicas que nos arrastran hacia abismos cada vez más desgarrados. Rosa María Artal era consciente ya en 2011 de que, casi sin darnos cuenta, hemos vivido muchos años (décadas) con la marcha atrás de las conquistas sociales. Poco a poco, algo que llamaban bienestar nos provocaba mayores inquietudes y desasosiego, hasta que finalmente lo hemos identificado como “medioestar” para unos pocos que son cada vez menos… y malestar para muchos (cada vez más y más) mientras avanzamos hasta este guarismo de la Gran Desigualdad que puebla calles y plazas en los USA: “Somos el 99% de la población”… pero sólo el 1% manda, decide, vive. Porque finalmente, cuando se declara oficialmente inaugurada la crisis (que es el final de una tendencia que nos estafa y nos deshumaniza) nos hemos visto inmersos en un torbellino, y arrastrados hacia un sumidero de aguas sucias y turbulentas. Hemos vivido tantos cambios subrepticios en tanto tiempo, que cuando el mundo estalla hemos olvidado lo fundamental, lo que deberíamos tener bien presente, para entender que no se trata de magia, sino de unas relaciones sociales de producción que nos conducen a una especie de barbarie que reinicia un nuevo feudalismo siglo XXI, y un fascismo que avanza con gran peligro hacia lo más cotidiano.

De hecho, Rosa María Artal nos ayuda también a vernos en la historia como sociedad que avanza, desde muy antiguo… y se humaniza civilizándose, asumiéndose en su pluralidad, respetándose en su autonomía y forjando redes de solidaridad. ¿Quieren una prueba de lo que digo? Si leen el libro, las encontrarán a cientos, pero baste ahora este párrafo sobre luchas sociales y de supervivencia, devenir, y un futuro que empezó hace ya mucho tiempo. Dice Artal:

“Los del 15M no son “ellos”, somos “nosotros”, hasta quienes aún no han querido serlo. Somos los que pusimos la primera piedra, y la segunda sobre la primera. Los que descubrimos cómo hacer fuego e inventamos la rueda que iba a sentar bases del progreso (…) Los que consagramos en un documento que los seres humanos tienen derechos (…) Los que nunca más moriremos en las hogueras de la intolerancia, porque habrá muchos para apagar el fuego (…)”.

Podría seguir mucho más, porque es difícil dejar la lectura incluso si se transcribe. Pero quiero sencillamente invitarles a que entren en contacto con la autora dialogando con su texto, investiguen sus conclusiones, se sumerjan en su discurso y sean también conscientes de que forman parte de la disidencia, tan sentida como razonada, que engendró el estallido. La energía liberada sigue siendo un libro necesario en el que Rosa María Artal recoge la vehemencia y fuerza de quienes luchan por ser protagonistas de su historia, en una explosión de dignidad que afianza el perfil de ciudadanía de unos hombres y mujeres que, en colectivos empoderados, se niegan al retorno a un pasado sin derechos, a inclinar mansamente la cerviz ante el chantaje trasnochado, a la aceptación de la barbarie y al vasallaje incivilizado con el que nos quieren otra vez inermes estos delincuentes fantoches que se esconden bajo el seudónimo de “los mercados”.

Permítanme que acabe con la frase con la que saludé en su momento la publicación de La energía liberada. Procede de La balsa de piedra, de José Saramago: “He vuelto, ésa es su historia, alguien quizá la cuente un día. Los hombres y las mujeres seguirán su camino, qué futuro, qué tiempo, qué destino. La vara de negrillo está verde, tal vez florezca el año que viene”.

Y creo que su oportunidad es hoy aún mayor. Porque no hay duda de que, a pesar de nuestra disposición y ánimo ante los tiempos que debemos vivir, seguimos y seguiremos nuestro camino. Y que para mucha gente de bien, y con la lectura de libros como el de Rosa, es posible que florezca con más fuerza, y de manera más rotunda, la vara de negrillo.

 
 

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