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¿Democracia paternalista o aciago revival del patriarcado?

08 juny

patriarcado
Introducción quizás innecesaria: entiendo por patriarcado mucho más que el concepto clásico de un sistema social y político en el que la figura del patriarca detenta todo el poder. Las luchas emancipadoras, de las que siempre han formado parte las mujeres hasta incluir reivindicaciones propias, han ido disputando y conquistando la esfera de lo público en un proceso que, sin embargo, no se mantiene lineal ni mucho menos constante en su progreso. Pero el patriarcado, aliado a las nuevas formas del capitalismo, permanece agazapado y avanza cuando el momento le es favorable, siempre en detrimento de las mujeres y la democracia. En la actualidad, en ciertos ámbitos del feminismo se habla de “los nuevos bárbaros del patriarcado” para explicar la especificidad de la violencia sexista en la era de la globalización, para designar el “Estado paralelo” que en determinadas zonas del planeta instituyen las mafias… pero no sólo hablamos de Morelos, ni de las maquilas mexicanas… Ni recordamos tampoco, de manera exclusiva, la lapidación de mujeres bajo leyes fundamentalistas en aplicación de torturas bárbaras que sociedades patriarcales (pero contemporáneas nuestras) justifican y aplauden. También el incremento de la violencia de género en las “democracias paternalistas”, la desposesión y expoliación de amplísimas capas de la población, la negada desnutrición progresiva de niños y niñas en el “mundo desarrollado”, el abandono de las personas dependientes, la acumulación de trabajos, responsabilidades y tensiones en las mujeres que deben suplir los vacíos que van dejando los servicios públicos desabastecidos o destruidos (en especial en sanidad, en cuidados, en atenciones sociales) significan un reforzamiento de ese fundamentalismo patriarcal que el Ministro Gallardón, en España, se está encargando de traducir en leyes retrógradas, y sí, que no nos escamoteen las palabras: sectarias, sexistas y PATRIARCARLES.

En un excelente artículo de Jesús Maraña en InfoLibre en el que se pregunta si abdica la Corona o la democracia, encuentro finalmente un concepto que se acerca a lo que falta en multitud de análisis y opiniones leídos u oídos hasta ahora (y que son muchos, a partir de las servidumbres más vomitivas hasta las portadas censuradas). Maraña habla de “democracia paternalista” y se acerca a la diana. Pero el término “paternalismo” me parece demasiado benevolente, e incluso un pobre sucedáneo del patriarcado que se quiere invisibilizar, mientras se disfrazan y enturbian sus potentes efectos insalubres para nuestra sociedad, agravados con los estragos de esta crisis-estafa.

No quisiera que nos detuviéramos sólo en lo superficial ni nos engañáramos tomando los gobiernos de Margareth Thatcher o Angela Merkel como presuntas esquelas del fenecimiento del patriarcado: mi propuesta es que los consideremos mejor como su necesaria evolución, sofisticada hasta cierto punto, para conseguir que sean unas pocas mujeres las que cumplan las necesarias funciones patriarcales necesarias para el dominio de unos pocos en el siglo XX avanzado y el siglo XXI. Su servicio al patriarcado consiste también, al empequeñecer lo público, que más mujeres se vean expulsadas, relegadas, a la esfera de lo privado donde un desierto de derechos impide la necesaria equidad (a pesar de que es terreno muy fértil para el crecimiento de las desigualdades). Con su acción política, tan neoliberal como patriarcal, se apartan las necesidades más básicas de la población, de las mujeres (y con ellas de los seres desposeídos) de la relevancia en la vida pública, y desaparecen de las agendas políticas las actuaciones que refuerzan los Derechos Humanos y que deberían guiarse por un bien común no misógino, sin sesgos de clase ni género.

El problema de fondo es que si aceptamos substituir, aunque sea por un momento y como factor acelerante en el proceso de comprensión de lo que nos están haciendo, el concepto “paternalismo” por el de “patriarcado”, apenas nos queda lugar para la democracia… Y si no, aunque sea como ejercicio de domingo, les propongo que ahora, y bajo la luz patriarcal, lean el siguiente párrafo del artículo que les comentaba de Jesús Maraña:


“Más allá de las causas concretas que motivan la decisión de abdicar y más acá del legítimo debate entre monarquía y república, lo cierto es que la gestión de la abdicación es sobre todo síntoma de un concepto paternalista, rancio o incluso caciquil de la democracia. Rajoy y Rubalcaba, los mismos que reivindican las virtudes del consenso de la transición y rechazan por injustas y generalizadoras las acusaciones de bipartidismo, han decidido cocinar a solas (con Felipe González como ‘MasterChef’) el menú y el orden de los platos de la sucesión en la jefatura del Estado.

Por supuesto que no es discutible el carácter democrático que la suma de PP y PSOE en el Congreso garantiza para avalar por amplísima mayoría parlamentaria la ley orgánica de abdicación. Pero, ¿acaso no era posible intentar un consenso más amplio, con algún matiz a ese artículo único que convierte en innecesaria a juicio de no pocos juristas la propia ley orgánica? Por ejemplo, algún grupo podría haber condicionado su apoyo a la sucesión a un compromiso del futuro rey Felipe de ejercer su función con absoluta transparencia, austeridad y sometido a un estricto control parlamentario.

Por más que se empeñen ahora Felipe González y Zapatero y Rubalcaba en explicar la histórica prioridad “accidentalista” del PSOE sobre la monarquía, saben perfectamente que en toda agrupación socialista hay una bandera republicana. Y saben que en 1978, cuando se aceptó la monarquía juancarlista, el entonces portavoz parlamentario Luis Gómez Llorente explicó con todo detalle en el Congreso las raíces y convicciones republicanas y las razones por las que el Grupo Socialista se abstendría en la votación de ese artículo de la Constitución.

Rubalcaba decidió por su cuenta (de la mano de Felipe González) acordar con Rajoy la sucesión en la corona del mismo modo que Zapatero y Rajoy pactaron por teléfono una noche de agosto de 2011 cambiar el artículo 135 de la Constitución para introducir el compromiso de estabilidad presupuestaria y la prioridad absoluta del objetivo de déficit. Rubalcaba impuso (otra vez) un congreso interno a unas primarias abiertas, y ha justificado después no haberse ido a casa tras asumir la debacle electoral del 25-M con la excusa de “controlar” a las bases. (…)

Por su parte, el jefe de la patronal, Juan Rosell, preguntado en “La Sexta” por su opinión sobre la abdicación y sobre la conveniencia o no de una consulta popular sobre la monarquía, respondió haciendo un paralelismo significativo: “Los hijos piden muchas cosas e intentan llegar más tarde por la noche y tal… pero en una familia los padres tienen que decidir qué es lo mejor”.

Esa consideración de los ciudadanos como menores de edad y el paternalismo en la forma de administrar la representación democrática es una de las razones de desgaste de la propia democracia. Si hay algo incontestable en la lectura de resultados de las elecciones europeas es el castigo al bipartidismo y la irritación de la ciudadanía contra las élites políticas (los aparatos de los grandes partidos) y económicas, a las que considera en parte responsables de la Gran Recesión y sobre todo privilegiadas en el reparto de las cargas de la crisis. Así lo indican además los más rigurosos estudios sociológicos y así se explica la irrupción de Podemos en el panorama político.(…)

Pues eso, que lo que Jesús Maraña llama paternalismo a mí me parece que significa mucho más. Una nueva embestida del patriarcado, con unos pocos hombres al mando, entre los que no hay que olvidar al misógino ministro Gallardón…. Pero para poder leer todo el artículo, aquí

 
 

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2 responses to “¿Democracia paternalista o aciago revival del patriarcado?

  1. Zana

    8 Juny 2014 at 12:14

    La Cultura del paternalismo, algo que les funcionó fenomenalmente durante el periodo del blanco y negro en las cuencas mineras, (y supongo en más sitios), tiene una “cualidad” indiscutible y muy apropiada para estos tiempos de sustitución de una pieza gastada por otra nueva; convence y convierte a la mujer en subdita (y los verbos van en ese orden para causa y efecto)
    Salud, república y + escuela pública
    Abrazos desde El Faedo de Ciñera

     
  2. nexuxseis

    8 Juny 2014 at 13:09

    Reblogged this on nexuxseis.

     

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