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La expropiación política de la ciudadanía

04 gen.

HansEnzensbergerPocas personas he tenido la suerte de conocer tan inteligentes y honestas como Hans Magnus Enzensberger. Siempre interesa lo que escribe, siempre sorprende, siempre nos exige…  En estos días en que gnomos mentirosos disponen de nuestras vidas y haciendas,  en los que podremos llegar a creer incluso que la expropiación política de la ciudadanía se realiza a ras de gallinero,  el gran pensador alemán apunta con el dedo la sala de máquinas de la expropiación, y nos permite entender por qué personajillos como los que nos toca padecer, día tras otro, desgranan sus sandeces amparándose en los más sagrados ritos y tabúes, neoliberales y estultos, de nuestro tiempo.

Para Enzensberger, en un artículo publicado unos meses atrás, toda la ceremonia de la confusión con resultado de estafa  “parece desenvolverse en una tierra de nadie retórica repleta de convenciones lingüísticas incomprensibles”: son muy pocos quienes se han dado cuenta de que los países europeos, desde hace bastante tiempo, ya no son regidos por instituciones legitimadas democráticamente, sino por una serie de abreviaturas que las han suplantado. El FEEF, el MEDE, el BCE, la ABA o el FMI han usurpado el poder y “solo los iniciados pueden deducir quién decide qué y cómo en la Comisión y en el Eurogrupo. Común a todos estos organismos es que no aparecen en ninguna Constitución del mundo y que ningún elector tiene algo que decir sobre sus decisiones. El único actor al que escuchan son los denominados “mercados”, cuyo poder se expresa en las oscilaciones de los tipos de cambio y los intereses y en los ratings de algunas agencias estadounidenses”.

No es extraño pues, que si el campo real de la política se sustrae de la vista y decisión de la ciudadanía, el escenario fantasma lo ocupen muñecos de guiñol de ínfima factura que apenas saben articular una frase y para quienes es imposible confeccionar una idea. Obran al dictado con torpeza y la peor de las fortunas, porque la ciudadanía europea ha aceptado, con una extraña calma, su expropiación política decidida en escenarios bastante más lejanos. Enzensberger apunta a que el motivo puede ser  “que estamos ante una novedad histórica. En contraste con las revoluciones, golpes de Estado y asonadas militares en las que es rica la historia europea, ahora las cosas suceden sin ruido ni violencia. En eso estriba la originalidad de este asalto al poder. ¡Ni marchas con antorchas, ni desfiles, ni barricadas, ni tanques! Todo se desarrolla pacíficamente en la trastienda.” Lo cual no significa, a mi modo de ver,  que la resistencia, también en formas nuevas, se vaya construyendo… y los nuevos partisanos y partisanas de una nueva libertad, en pie, empiecen a trenzar, casi sin darse cuenta, las imprescindibles solidaridades de base.

Y sigue diciendo: A nadie extraña que, ante todo esto, no se puedan tomar en consideración los tratados. Las reglas existentes, como el principio de subsidiariedad de los Tratados de Roma, o la cláusula de rescate de Maastricht se dejan sin efecto a capricho. El principio Pacta sunt servanda [Hay que respetar los pactos] queda como una frase vacía ideada por cualquier remilgado jurista de la antigüedad.

El euro es el resultado de un chalaneo político que ignoró los desequilibrios de las economías nacionales
La abolición del Estado de derecho se proclama con toda franqueza en el Tratado sobre el Mecanismo de Estabilidad Financiera (MEDE). Las decisiones de los miembros que marcan la pauta en este organismo de rescate son inmediatamente efectivas desde el punto de vista del derecho internacional y no están vinculadas a la aprobación de los Parlamentos. Estos miembros se autodesignan, igual que en el antiguo régimen colonial, como gobernadores y, al igual que los directores, no tienen que rendir cuenta alguna frente a la opinión pública. Al contrario, están expresamente obligados a mantener el secreto. Esto recuerda a la omertà, que forma parte del código de honor de la mafia. Nuestros padrinos se sustraen a cualquier control judicial o legal. Gozan de un privilegio que ni siquiera está al alcance de un jefe de la Camorra: la absoluta inmunidad frente al Derecho Penal. (Eso es lo que se dispone en los artículos 32 a 35 del Tratado del MEDE).

La expropiación política de los ciudadanos ha alcanzado con esto su culmen transitorio. Ya había empezado mucho antes, como tarde con la introducción del euro. Esta moneda es el resultado de un chalaneo político que ha penalizado con la indiferencia todos los requisitos económicos de semejante proyecto. Se ignoraron los desequilibrios de las economías nacionales participantes, sus muy divergentes capacidades para competir y sus desbocadas deudas públicas. El plan de homogeneizar Europa tampoco tomó en consideración las diferencias históricas de las culturas y mentalidades del continente. Pronto hubo que remodelar a capricho, como plastilina, los criterios que se habían acordado para el acceso a la Eurozona, con la complicación de que se incluyó en ella a países como Grecia o Portugal, que carecen de las posibilidades más elementales de afirmarse en esta unión monetaria.

Muy lejos de reconocer y corregir los defectos de nacimiento de esta construcción, el régimen de los rescatadores insiste en perseverar a toda costa en el rumbo adoptado. La recurrente afirmación de que “no hay alternativa” niega la virtualidad explosiva de las crecientes diferencias entre las naciones participantes. Ya desde hace años se muestran las consecuencias: división en lugar de integración, resentimientos, animadversiones y reproches mutuos en lugar de entendimiento.

“Si el euro fracasa, fracasa Europa”: bajo este lunático eslogan debe juramentarse un continente de 500 millones de habitantes con la aventura de una clase política aislada, exactamente como si dos milenios fueran un mero clic en comparación con un papel moneda recién inventado.

En la llamada crisis del euro se demuestra que la situación de expropiación política de los ciudadanos no se detiene ahí. Según su lógica, desemboca en su correlato: la expropiación económica. Solo allí donde salen a la luz los costes económicos queda claro qué significa todo esto. La gente de Madrid y Atenas solo sale a la calle cuando, literalmente, no le queda otra elección. Y eso no dejará de producirse en otras regiones.

No importa con qué metáforas adorne la política su novísimo monstruo —paracaídas, bazuca, Gran Berta, eurobonos, unión fiscal, bancaria o de deuda—, a más tardar cuando haya que hablar de cuentas los pueblos despertarán de su siesta política. Intuyen que antes o después tendrán que salir garantes de lo que hayan organizado los rescatadores. En esta situación, el número de opciones imaginables es limitado. La forma más sencilla de liquidar tanto las deudas como los ahorros es la inflación. Pero también se contemplan subidas de impuestos, recortes de las pensiones, quitas de la deuda y tasas obligatorias, medidas que ya se han tomado en consideración anteriormente y que encuentran eco diverso según las preferencias de cada partido, y para cuya designación existe la expresión “represión financiera”. Y finalmente cabe recurrir a un último instrumento, la reforma monetaria. Es un medio ya probado para castigar a los pequeños ahorradores, dejar a salvo a los bancos y liquidar las obligaciones de los presupuestos estatales.

No se vislumbra una salida fácil de la trampa. Todas las posibilidades insinuadas cautelosamente han sido bloqueadas con éxito hasta el momento. El discurso sobre una Europa de velocidades variables ha caído en saco roto. Las cláusulas de descuelgue propuestas tímidamente jamás se recogieron en un tratado. Pero, sobre todo, la política europea se burla del principio de subsidiariedad, una idea demasiado evidente como para que haya sido jamás tomada en serio. Esa palabra afirma, nada más ni nada menos, que desde el municipio hasta la provincia, del Estado nacional hasta las instituciones europeas, es la instancia más próxima al ciudadano la que siempre tiene que regular todo aquello que sea capaz de regular, y que a cualquier nivel superior solo deben transferirse las competencias regulativas de las que los anteriores no puedan hacerse cargo. Pero esa subsidiaridad nunca dejó de ser, como demuestra la historia de la UE, más que una palabra huera. En caso contrario, a Bruselas no le habría resultado tan fácil despedirse de la democracia, y la expropiación política y económica de los europeos no habría llegado hasta donde ha llegado hoy.

¿Lúgubres perspectivas, pues? ¡Buenos tiempos para los amantes de las catástrofes que predicen el colapso del sistema bancario, la quiebra de los Estados endeudados, o, mejor que cualquier otra cosa, el fin del mundo! Sin embargo, como la mayoría de los augures del hundimiento, estos profetas quizá se alegren prematuramente. Porque los 500 millones de europeos no van a sentir la tentación de rendirse sin resistencia, defenderse, según los mantras favoritos de sus salvadores: “No hay alternativa a nosotros” y “si fracasa nuestra empresa, fracasa Europa”. Este continente ya ha instigado, vivido y superado otros conflictos muy distintos y mucho más sangrientos. La marcha atrás del callejón sin salida en el que nos han metido los ideólogos de la incapacitación no transcurrirá sin costes, enfrentamientos y dolorosas privaciones. El pánico es, en esta situación, el peor consejero, y quien entone el canto de despedida de Europa no conoce sus fortalezas. Ya lo dijo Antonio Gramsci: “Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”.

 
8 comentaris

Posted by a 4 gener 2013 in Europa

 

8 responses to “La expropiación política de la ciudadanía

  1. Lluís

    4 gener 2013 at 11:59

    Me gusta la cita final de Gramsci, y posiblemente sea lo único que se puede decir al respecto. Lo más indignante de todo es, para mi, escuchar como el mantra “no hay alternativa” se repite des de la clase política con un cinismo escalofriante. No pude contar las veces que lo repitió Artur Mas en el debate de investidura.

     
  2. angelsmcastells

    4 gener 2013 at 12:06

    Querido Luis, Artur Mas es uno de los gnomos, como ya habrás adivinado. El gnomo presumido…. y redundante! Un saludo.

     
  3. Toni Barbarà

    4 gener 2013 at 12:11

    Otra excelente aportación de Ángels y de su buen criterio para pasarnos textos y reflexiones de un valor incuestionable. A celebrar tanto por su calidad como por su carácter insurgente y excepcional en este coro aburrido y mendaz de las inteligencias palmeras y serviles pagadas por el sistema.
    Gracias además por este soplo de aire revitalizador y movilizador… por recordarnos a Gramsci y por recrearnos música sentida como nuestra, próxima y de revuelta y lucha.
    Este año, de funestos pronósticos, también puede ir por ese camino..
    Salud !! Toni Barbarà

     
  4. Elena Alvarez

    4 gener 2013 at 12:38

    El pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad, qué gran verdad y qué ánimo para seguir luchando. SI hay alternativa y la alternativa somos nostros, ayer, hoy y siempre.

    Parole de Le Chant Des Partisans:
    Ami, entends-tu le vol noir des corbeaux sur nos plaines ?
    Ami, entends-tu les cris sourds du pays qu’on enchaîne ?
    Ohé, partisans, ouvriers et paysans, c’est l’alarme.
    Ce soir l’ennemi connaîtra le prix du sang et les larmes.

    Montez de la mine, descendez des collines, camarades !
    Sortez de la paille les fusils, la mitraille, les grenades.
    Ohé, les tueurs à la balle et au couteau, tuez vite !
    Ohé, saboteur, attention à ton fardeau : dynamite…

    C’est nous qui brisons les barreaux des prisons pour nos frères.
    La haine à nos trousses et la faim qui nous pousse, la misère.
    Il y a des pays où les gens au creux des lits font des rèves.
    Ici, nous, vois-tu, nous on marche et nous on tue, nous on crève…

    Ici chacun sait ce qu’il veut, ce qu’il fait quand il passe.
    Ami, si tu tombes un ami sort de l’ombre à ta place.
    Demain du sang noir sèchera au grand soleil sur les routes.
    Chantez, compagnons, dans la nuit la Liberté nous écoute…

    Ami, entends-tu ces cris sourds du pays qu’on enchaîne ?
    Ami, entends-tu le vol noir des corbeaux sur nos plaines ?
    Oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh oh…

     
  5. Zana

    4 gener 2013 at 13:03

    Gracía Ángels por, como dice Toni ” ese soplo de aire revitalizador y movilizador”.
    Sólo añadiría una pequeña discrepancia, donde dices que: ahora las cosas suceden sin ruido ni violencia… No sé, no sé qué decir sobre esto de la violencia más que, el hambre, la depresión, la angustia, la desesperación,la privación de derechos, a la que nos han llevado…son una forma de violencia…eso sí, silenciosa.
    Muchas gracias

     
  6. angelsmcastells

    4 gener 2013 at 14:00

    Querido Zana, claro que es violencia el hambre, los desalojos, el paro, la precariedad obligada… Pero es cita textual de Enzensberger, y creo que él piensa en todo el ruido de bombas y bayonetas que en otras épocas atronó los aires mientras ahora nos lo imponen por electroshocks… Y con mordaza. No para que no nos mordamos la lengua, sino para que nuestro grito se ahogue en la garganta. Un abrazo!

     
  7. José Salvador

    4 gener 2013 at 14:19

    Gracias Ángels, por tan lucido artículo; en cuanto a la violencia se refiere, me parece que hemos tirado al niño con el agua sucia por la ventana.

     
  8. betsaez

    6 gener 2013 at 14:13

    M’has deprimit del tot. I no és perquè no ho vegi però és com quan fa molts anys somiava amb anar a Paris en tren per passar-hi els Nadals però em deia a mi mateixa que no podia amb la meva malaltia (la més antiga y principal, el Menière). En algun racó conserves el somni. Però un dia, un metge de Sant Pau quan li vaig comentar va dir-me, “clar que no pot anar!”. Em va omplir de tanta tristor que ho recordo com si hagués estat ahir i va ser a l’any 2002.
    I ara, el primer que m’ha vingut és preguntar-te amb tota la ingenuitat: i què podem fer? Perquè només protestar i protestar mentre cada cop estem pitjor, gairebé que és ajudar a auto-destruïr-nos.
    No sóc de les persones que semblen revifar amb les desgràcies -que hi ha i no són poques- i mai he fet meu el tòpic que “el cel ha de ser un lloc molt avorrit” i que, per exemple, “la desgràcia ens fa valorar els bons moments”.

     

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