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La democràcia segrestada i el desmantellament de la sanitat pública

19 des.

Per anar obrint boca per la cita amb ATTAC, la democràcia i la defensa de la salut i la sanitat, val la pena llegir el que fa pocs dies publicava Albert Recio, membre del Consell Científic d’ATTAC, en el context d’un article amb apartats addicionals sobre la Unió Europea i l’euro, al Cuaderno de la Depresión de Mientras Tanto Electrónico.


Hace tiempo que la sanidad pública está en la mira del capital. No en vano el gasto sanitario constituye una importante partida económica, y por tanto fuente potencial de negocio. La prueba es que una parte del gasto sanitario llena las arcas de las empresas farmacéuticas y proveedoras de equipamiento sanitario, que suelen encontrarse entre los negocios más rentables del planeta. No en vano también allí donde la gestión sanitaria privada está más extendida, los EE.UU., el peso del negocio sanitario constituye la partida más importante del PIB, algo que tiene poco que ver con el nivel de eficiencia del modelo sanitario si se toman como referencia indicadores de esperanza de vida o de desigualdad en el acceso a la asistencia sanitaria.

Hace ya tiempo que algunas Comunidades Autónomas, especialmente Madrid y la Comunidad Valenciana, adoptaron un modelo de externalización de la gestión sanitaria cuyos efectos sobre el bienestar de la población y las condiciones de trabajo del personal merecen ser evaluados. Hace unos meses una evaluación de la calidad de los sistemas sanitarios en base a 19 indicadores sitúo a ambas comunidades en la categoría de “deficientes” (junto con Canarias y Galicia, siendo la Comunidad Valenciana la peor calificada. (El País, 2 septiembre 2010).

También en Catalunya ha existido desde siempre un sistema mixto de gestión sanitaria, en parte heredado del modelo sanitario anterior al establecimiento de la seguridad social. Un sistema sanitario donde se combinan hospitales públicos con una extensa red de centros semipúblicos, en manos de patronatos con presencia de instituciones locales, Iglesia Católica y grupos privados. CiU, en su largo mandato en la Comunidad, reforzó este modelo y le dio estructura, algo bastante parecido al doble circuito educativo. El Triparto fue incapaz de cambiarlo y aunque incrementó el gasto sanitario también llevó a cabo una reforma estatutaria del Institut Català de la Salut (el propietario de la parte pública del sistema) que apostaba por una gestión más liberal. La excusa siempre es el alto y creciente coste sanitario y la necesidad de modernizar la gestión. Un alto coste que es difícil de argumentar cuando se contrasta el gasto sanitario español con el de países de la UE (tanto en términos de PIB como de gasto per capita), como el catalán respecto al resto de España (según el informe citado el gasto per capita catalán solo está 4 euros por encima del gasto medio y se sitúa en la mitad de la tabla.

El nuevo gobierno de CiU, con el ínclito conseller Boi Ruiz a la cabeza, no ha dudado sin embargo en lanzar una auténtica cruzada en pos de la demolición del sector público sanitario. La política de ajuste presupuestario ha sido la excusa para ello. El cierre de camas y quirófanos hospitalarios, de urgencias en los ambulatorios (especialmente grave en zonas semirrurales donde los hospitales están distantes) han generado cabreo y sentimiento de deterioro, Tras las elecciones, CiU se siente con músculo para seguir su política privatizadora, ya visible en uno de los múltiples apartados de la “ley omnibus” donde se contempla la posibilidad que los hospitales públicos alquilen a operadores privados sus plantas cerradas y sus quirófanos, que han dejado de operar por la tarde. Un regalo al sector privado que podrá ofrecer a quien tenga dinero la alta calidad de la asistencia pública sin tener que pasar por las engorrosas (y al menos democráticas) listas de espera. Ahora se propone otra vuelta de tuerca, primero en forma de un nuevo copago por receta médica (como no se puede cambiar la realidad se crea el neolenguaje y se le llama ticket moderador) y después con la propuesta del siempre contundente Boi Ruiz a favor de crear un seguro privado obligatorio para la gente con recursos y dejar el servicio público para los pobres (aunque al paso que vamos con el paro y los recortes salariales la categoría “pobre” va camino de ser universal).

No deja de ser insólito que en Catalunya se defienda la gestión de las mutuas privadas como una muestra de eficiencia y buen hacer cuando en el pasado la Generalitat dedicó importantes recursos al salvamento de gestiones fallidas y fraudulentas (Hospital General de Catalunya, Mutua l’Aliança) y otras importantes instituciones han entrado en barrena (Agrupació Mútua) o han estado salpicadas por importantes casos de corrupción (Mutua Universal). Si de algo puede presumir el sector privado catalán es de fracasos continuados de gestión.

La propuesta, de ir adelante, significa bastante más que una mera privatización. Significa la ruptura del propio concepto de ciudadanía y de solidaridad social por cuanto se rompe el continuo entre los que pueden pagar y los que no. Si el problema es meramente financiero, y se supone que hay una parte de la población con recursos, bastaría subir los impuestos a esta parte de la población para cubrir el aumento del gasto. Propugnar un doble circuito es sin embargo optar por un modelo dual, uno “de pago” (aunque todo el mundo sabe que al final las mutuas privadas practican todo tipo de discriminaciones para reducir sus costes) y otro para pobres. Una nueva oportunidad para fomentar una cultura de la insolidaridad e incultura fiscal de las clases medias y un desprecio frente a los pobres que se salvan del seguro privado. En un país con elevados índices de evasión fiscal, con un elevado porcentaje de población inmigrante pobre, este modelo es una verdadera invitación a la iniquidad y la xenofobia. Ruiz no es solo un privatizador sino un verdadero agente promotor de la fragmentación social. Algo en lo que se muestra tozudo, pues ya antes de hacer esta propuesta atribuyó los problemas de salud a la genética y los hábitos individuales (otra forma de mentalizar a la población de que la gente enferma lo es por culpa propia, de separar buenos y malos ciudadanos, aunque entre los factores de malos hábitos nunca suelan incluir el del uso intensivo de los vehículos que generan contaminación y accidentes, ni el de las malas condiciones de trabajo).

Boi Ruiz, lo que representa, no es solo un peligro para la sanidad sino también para el mismo sentido de sociedad. No solo promueve negocio sino también división social, clasismo. No es por desgracia el único. Ahí están también también los responsables de la sanidad gallega y balear desactivando ilegalmente tarjetas sanitarias a gente desamparada. Hay que pararles los pies: está en juego nuestra salud y nuestro sentido de sociedad.

Fuente: Dempeus

 
2 comentaris

Posted by a 19 Desembre 2011 in Salut

 

2 responses to “La democràcia segrestada i el desmantellament de la sanitat pública

  1. Lluís

    21 Desembre 2011 at 0:58

    Mis padres formaron parte de esta mentalidad catalana, y en cuánto se vieron a las puertas de la vejez se “afiliaron” a una mutua privada. Pensaban que así estarían mejor atendidos o vete a saber qué. El caso es que mientras tuvieron resfriados o gripes todo funcionaba bien: eso sí, las recetas iban a cargo de la sanidad pública, con un sencillo truco del almendruco conocido por todo el mundo.

    Cuando sus enfermedades fueron graves (cáncer, etc) las cosas se complicaron. Asistencia Sanitaria Colegial (fundada por un prohombre catalán como el doctor Espriu, hermano de un gran poeta patrio) asumió una parte del coste, pero aumentó la derivación al sistema público: los tratamientos más caros se cargaron al sistema. Y cuando las cosas se pusieron feas simplemente se desentendieron.

    Denuncié los abusos infames ante la Agència catalana del consum, y amenacé a Asistencia Sanitaria con cartas a los periódicos, explicando como se les expulsó en dirección a la sanidad pública. Me citaron con una señora del departamento de atención al cliente, que me exhibió un montón de facturas: mira lo que nos han costado tus padres. Claro, ellos pagaron 80 euros mensuales durante 25 años esperando recibir un trato humano. Debes comprender que tenemos muchos clientes de edad avanzada -siguió ella- y eso es carísimo, no lo podemos sostener. Ese mismo problema debe de tener la seguridad social, le dije, y sin embargo no expulsan a nadie.

    Mi padre murió derivado por la “asistente social” de Asistencia Sanitaria a una entidad de la beneficencia. Se saltó todos los trámites. Mi madre murió en casa, justo un mes antes de recibir la visita del técnico que debía evaluar su dependencia para proceder a solicitar ayudas.

    En este tiempo, el presidente de la patronal de los hospitales privados de Cataluña era un tal Boi Ruiz. Aunque yo por entonces no sabía nada de ese hombre. Durante su presidencia, por cierto, los hospitales privados fueron rescatados dos veces por fondos públicos.

     
  2. John Roller

    21 Desembre 2011 at 20:38

    En toes partes cuecen fabes pero, ¡ostres Pedrín!, la burguesía catalana ye más destructiva quel cáncer… ¡Menos mal que tamos en democracia!

     

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