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Paul Krugman: Depresión y democracia

12 des.

Paul Krugman nos adviertía en su artículo de ayer en el NYT que la principal preocupación en la Unión Europea puede no ser el futuro del euro (con todos los problemas que representa), sino el retroceso democrático que acompaña la formación de esta nueva Europa neoliberal y de políticas tan profundamente equivocadas y sesgadas. Creo que a estas alturas son mayoría los ciudadanos y ciudadanas que han sabido vincular el deterioro de la política (y por consiguiente de la democracia) con la crisis económica y las medidas de austeridad para la inmensa mayoría, de recortes para las personas en peor situación social y económica. Las políticas que tienen sesgo claro de clase y de género, y que aumentan las desigualdades, la precariedad y el desempleo –y hacen tremendamente difíciles de superar todas las facetas de la vida cotidiana.

En su artículo de alerta, Krugman afirma que “no hay un Hitler a la vista”. Pero es que el Hitler de nuestro tiempo no tiene porque parecerse, y muchos menos en su apariencia, al de los años treinta del pasado siglo. Lo que cuentan son las políticas, y el sacrificio de muchos para que unos pocos se coloquen por encima de los demás, y los aplasten. Y esto ya está sucediendo. En otro momento se expresó como “Deutschland über alles” ¿No les parece que se pueden encontrar en la actualidad, y en la práctica, fórmulas muy parecidas?

No sé si lo habrá pensado Krugman al escribir su artículo.

Depresión y democracia

“Es hora de empezar a llamar a la situación actual lo que es: una depresión. Es cierto, no es una repetición completa de la Gran Depresión, pero eso es poco consuelo. El desempleo en América y Europa sigue siendo desastrosamente alto. Los líderes y las instituciones están cada vez más desacreditados. Y los valores democráticos viven en estado de sitio.

Sobre este último punto no estoy siendo alarmista. Tanto en lo político como en el frente económico es importante no caer en la trampa de “no es tan malo como…” No es tolerable el alto desempleo sólo porque no ha llegado a los niveles de 1933; ni tampoco se deben menospreciar las ominosas tendencias políticas porque no hay un Hitler a la vista.

Vamos a hablar, en particular, sobre lo que está sucediendo en Europa – no porque todo esté bien en los Estados Unidos,sino porque no se entiende en toda su profundidad la gravedad de los acontecimientos políticos europeos.

En primer lugar, la crisis del euro está matando el sueño europeo. La moneda común, que se suponía iba a unir a las naciones, ha creado en cambio una atmósfera de amarga acritud.

En concreto, las exigencias de austeridad cada vez más duras, sin ningún esfuerzo de compensación para impulsar el crecimiento, han provocado un daño doble. Han fracasado como política económica, han incrementado el desempleo sin recuperar la confianza; ahora parece muy probable que se produzca una recesión en toda Europa, aunque se haya contenido la amenaza inmediata de crisis financiera. Y han creado una ira inmensa: muchos europeos están furiosos con lo que se percibe, justa o injustamente (o en realidad un poco de ambas cosas), como un ejercicio de mano dura del poder alemán.

Nadie familiarizado con la historia de Europa puede ver este resurgimiento de la hostilidad sin sentir un escalofrío. Sin embargo, no pueden ser peores las cosas que suceden.

Los populistas de derecha están creciendo desde Austria, donde el Partido de la Libertad (cuyo líder solía tener conexiones neo-nazi) se acerca peligrosamente en las encuestas a los partidos establecidos, hasta Finlandia, donde el partido anti-inmigranción tuvo una importante presencia electoral el pasado mes de abril. Y estos son los países ricos, cuyas economías se han mantenido bastante bien. las cosas tienen un aspecto aún más inquietante en las naciones más pobres de Europa central y oriental.

El mes pasado, el Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento informó de una fuerte caída de apoyo público a la democracia en llos países de la “nueva UE”, es decir, las naciones que se unieron a la Unión Europea después de la caída del Muro de Berlín. No es sorprendente que la pérdida de fe en la democracia haya sido mayor en los países que sufrieron las más profundas recesiones económicas. Y en al menos un país, Hungría, las instituciones democráticas están siendo socavadas en estos momentos. Uno de los principales partidos de Hungría, llamado Jobbik, es una pesadilla de la década de 1930: va contra la población romaní (gitanos), es anti-semita, e incluso tenía un brazo paramilitar. Pero la amenaza inmediata proviene de Fidesz, el partido del gobierno de centro-derecha.

Fidesz obtuvo una mayoría parlamentaria abrumadora el año pasado, en parte por razones económicas. Hungría no está en el euro, pero se vio seriamente afectada debido a la gran escala de endeudamiento en moneda extranjera y también, para decirlo todo, gracias a la mala gestión y corrupción en la parte del partido de izquierda liberal que estaba antes en el gobierno. Ahora Fidesz, que impuso una nueva Constitución la primavera pasada, parece decidido a mantenerse de forma permanente en el poder.

Los detalles son complejos. Kim Lane Scheppele, director del Princeton’s Law and Public Affairs program – ha estado siguiendo de cerca la situación de Hungría – y me dice que Fidesz va superponiendo medidas para suprimir la oposición. Ha propuesta una ley electoral que crea distritos manipulados diseñados para que sea casi imposible que otros partidos puedan formar gobierno, se ha comprometido la independencia judicial, y los leales al partido han ocupado los tribunales mientras que los medios estatales se han convertido en órganos del partido, y se reptime a los medios de comunicación independientes; se ha propuesto, además, una enmienda constitucional propuesta que pone fuera de la ley al principal partido de la izquierda.

En conjunto, todo esto viene a ser re-establecimiento de un régimen autoritario, bajo una apariencia fina como el papel de la democracia, en el corazón de Europa. Y es una muestra de lo que puede pasar mucho más amplia si se mantiene la depresión.

No está claro qué se puede hacer acerca del cambio autoritario de Hungría. El Departamento de Estado de los EE.UU. parece realmente preocupado, pero se trata fundamentalmente de una cuestión europea. Y la Unión Europea perdió la oportunidad de intervenir desde buen principio, en parte porque la nueva Constitución entró en vigor mientras Hungría presidía la Unión. Ahora será mucho más difícil revertir la situación. Sin embargo, es mejor que los líderes de Europa traten de hacerlo, o se arriesgan a perder todo lo que representan.

Y también tienen que repensar sus fracasadas políticas económicas. Si no lo hacen, la democracia experimentará nuevos retrocesos- y la ruptura del euro podría ser la última de sus preocupaciones.

 
5 comentaris

Posted by a 12 Desembre 2011 in Europa

 

5 responses to “Paul Krugman: Depresión y democracia

  1. Zana

    12 Desembre 2011 at 21:38

    El fascismo cabalga de nuevo y la izquierda desmovilizada, paralizada, abducida. Cuántas veces nos tendremos que preguntar ¿quiénes son los culpables de esa paralización interesada? ¿Quiénes, como caballos de Troya, han desactivado desde dentro a la izquierda? Si alguien se cree que con tiritas se frena una hemorragia lo tiene claro, al fascismo se le combate con socialismo, no hay Tercera Vía que valga, y menos si esa Tercera Vía es la de Blair o Felipe González.
    Gracias Ángels por tu luz.

     
  2. Jose Uribe Navarro

    12 Desembre 2011 at 22:13

    .

     
  3. Lluís

    12 Desembre 2011 at 23:03

    Creo que es tan sencillo (o complejo) como lo dibuja Zana: por lo que se puede ver, al fascismo no se lo combate con debates internos de la izquierda clásica. Sólo nos valdría el socialismo. Eso de las terceras vías hace tiempo que ha caducado.

     
  4. JACINTPERIS

    13 Desembre 2011 at 12:42

    Creo que vale la pena mirar este vídeo futurista (o no) de la deriva de la democracia en relación a la “crisis” actual y su significado (más que sus consecuencias).

     
  5. Toni Barbarà

    13 Desembre 2011 at 13:12

    Es lamentable pero cierto: ese escenario “europeo” da escalofríos. A lo que se lee en el artículo hay que sumar las virulentas campañas “antitotalitarias- lease anticomunistas” que desarrollan gobiernos de las derechas imperantes en República Checa, Polonia o Rumania… La situación es grave, y además de la citada “depresión” es flagrante la “regresión” democrática… Hay que retomar un claro y combativo : No Pasarán !!!
    Salud !!
    Toni Barbará

     

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