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Arxiu d'etiquetes: Unión Europea

En el Congreso del PIE, la necesaria voz del internacionalismo

Congreso PIE Con el canto del Bandiera Rossa se acaba de clausurar el IV Congreso del Partido de la Izquierda Europea y de entre las muchas cosas a destacar creo que toma relieve la nueva dimensión europea del dirigente de Syriza, Alexis Tsipras. Las organizaciones que forman el PIE le proponen como alternativa a Durao Barroso, y la elección tiene tanto valor como pedagogía sobre el papel que deben y pueden jugar los políticos procedentes de los países más castigados por las políticas de la Troika (Portugal, España, Grecia…) como por la promesa de radicalidad y de no “despegarse” de calles y plazas que encarna Syriza. Durao Barroso fue, en definitiva, el cuarto hombre de las Açores, y desde entonces no ha cesado en sus funciones de mayordomía del imperialismo, totalmente lejano de lo que sufre la ciudadanía portuguesa y la juventud sin futuro de su país. Frente a él, la propuesta de Tsipras supone una promesa real de poder alternativo, cuando la derecha se avalanza hacia sus extremos, se quita ya todas las caretas y asalta y mata mientras la gente más humilde se juega la vida en el día a día, sin otra heroicidad (por otra parte, la de mayor dureza) que sobrevivir al hambre, o a alimentos en mal estado o, estando enfermo, a un racionamiento hasta el límite de atención, cuidados y medicamentos.

Alexis TsiprasTsipras estaba en las mejores condiciones para escuchar y atender, en el desarrollo del Congreso del PIE, las demandas y advertencias que vinieron de una voz de América Latina que fue el espejo (tan fiel como cruel en ocasiones) de lo que es la Unión Europea vista desde la distancia… una voz que reclamaba (por la propia dignidad de los pueblos de Europa) entre el deseo y la exigencia, “que luchen, luchen y luchen. No nos dejen solos, los necesitamos a ustedes, a una Europa que no sólo vea a distancia lo que sucede en el resto del mundo, sino a una Europa que vuelva a alumbrar el destino del continente y el destino del mundo”.

En otras ocasiones ya he dicho que creo, sinceramente, que el problema de muchas izquierdas europeas (incluidas las catalanas y españolas) es haber diluido y enturbiado el internacionalismo -que debería ser un valor congénito- con una sobredosis de estafas nacionalistas para las que carecemos de anticuerpos. Y así, Europa no sólo languidece, sino que se ensimisma y pierde, dejando atrás, como nos recuerda García Linera, “la Europa de las luces, de las revueltas, de las revoluciones. Muy atrás ha quedado la Europa de los grandes universalismos que movieron y enriquecieron al mundo y que empujaron a los pueblos de muchas partes del mundo”. Porque: “la única Europa que vemos en el mundo es la de los grandes consorcios, la Europa neoliberal, la de los mercados y no la del trabajo”. “Carentes de grandes dilemas, horizontes y esperanzas, sólo se oye, parafraseando a Montesquieu, el lamentable ruido de las pequeñas ambiciones y de los grandes apetitos”. Y nos ahorró, por la parte que nos toca, la Europa corrupta. Una Europa que ha abierto espacio a nuevas explotaciones, a la expropiación de lo común y de lo público, dejando en el proceso “una democracia sin esperanza y sin fe, que es lo mismo que una democracia derrotada. Y una democracia fosilizada. en sentido estricto, no es una democracia”.

García Linera advirtió que la izquierda europea no puede contentarse con el diagnóstico y la denuncia que genera indignación moral, pero no genera voluntad de poder porque todavía necesita articular propuestas y recuperar el concepto de democracia. La izquierda siempre ha reivindicado la bandera de la justicia, la igualdad, la participación, porque la democracia es mucho mas que las instituciones. Es mucho más que votar y elegir el Parlamento. La democracia son valores, son los principios organizativos del entendimiento del mundo: tolerancia, pluralidad, libertad de opinión. La democracia es práctica, es acción colectiva, es creciente participación en la administración de los espacios comunes. Y hay democracia si participamos en lo común. Si tenemos como patrimonio el agua, entonces la democracia es participar en la gestión del agua”.

Pero eso no es suficiente. La izquierda, según el dirigente boliviano, tiene que recuperar también “la reivindicación de lo universal, la política como bien común, la participación en la gestión y recuperación de los bienes y servicios comunes como derecho: la salud, el trabajo, la sanidad, la protección de la madre tierra, de la naturaleza(…) “Y necesitamos reivindicar la dimensón heróica de la política”. Según cuenta Público, los más de 300 delegados y la mesa del Congreso se pusieron en pie y aplaudieron, conscientes de que posiblemente Latinoamérica y su ‘no’ a las políticas de las que reniega la izquierda europea, sea el modelo a seguir.

Les dejo con el video porque creo se trata de algo más que un gran discurso… Ni el acento, ni los silencios, ni las ideas que desgrana el vicepresidente de Bolivia pueden tomarse a la ligera:

 

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#Austeridad: la medicina que mata a la enferma

en pie Ha escrito mi amigo Albano Dante Fachin, el editor de cafeambllet, que después de la gran demostración cívica, pacífica y de autoafirmación de la ciudadanía en Catalunya, Rajoy tiene la pelota en su tejado, pero también la izquierda… No me preocupan demasiado las pelotas que va acumulando el tejado de Rajoy, pero sí me ocupo de las que también empiezan a ser demasiadas entre las izquierdas. Y una, hoy, es fundamental: la que une el ejercicio del derecho a decidir de la ciudadanía con la plena consciencia de la piratería social que lo impedirá (aunque cambien algunas formas, las cadenas esenciales seguirán). No sé hasta qué punto hay ingenuidad en reivindicar una Catalunya independent que sigue atada a una UE sin cambios, y que predica e impone más explotación y tolera la expropiación de lo más esencial para una sobrevivencia digna. Si hay algún camino abierto para resolver una ecuación que parece tan difícil como urgente, seguramente estaba, de forma prioritaria, en las mentes y voluntades de quienes rodeaban ayer las torres de la Caixa y están dispuestos a construir, con todo compromiso, un país para los perdedores. Pero toca espabilar, porque el austericidio avanza y reduce las fuerzas de quienes mejor podrían achicar las aguas turbulentas y los protagonismos mesiánicos que sólo conducen a mayor sufrimiento.

Desde Intermon Oxfam también avisan: En la Unión Europea, 25 millones de europeos más se verán sumidos en la pobreza en 2025 si las medidas de austeridad continúan. Sin embargo, es posible evitarlo: sólo hay que apostar fuerte por un nuevo modelo de prosperidad: Invertir en escuelas, hospitales, vivienda, investigación y tecnología. Es decir, en poner la economía al servicio de las personas, una buena manera de propiciar la autodeterminación real. Y hacerlo con protagonismo e impulso público, para el bien común, para que millones de ciudadanos y ciudadanas europeos puedan volver a tener un puesto de trabajo decente, con un salario digno. De lo contrario, ese lobezno pardo que juega a saludos fascistas e irrumpe en actos pacíficos de conmenmoración y cultura, alimenta sus músculos con las cifras de paro, como el que hoy se difunde por las redes: en Grecia el paro juvenil ya alcanza el 58,8%. En España “solo” llega al 55%. Ese es un triste substrato de lo que llaman amanacer dorado, pero sólo es un aciago y oscuro final de etapa.

Hay motivos para preocuparse. Pero, sobre todo, para atajar con urgencia las políticas de austericidio. En su reciente Informe “La trampa de la austeridad” Intermon Oxfam advierte que el número de personas en riesgo de pobreza en Europa podría llegar en el 2025 hasta los 146 millones, más de un cuarto de toda la población europea.

Y estamos advertidos, como casi siempre, aunque no haya peor ciego que el que no quiere ver: “Las medidas de ajuste estructural aplicadas en las crisis de América Latina, Asia y África en los años 80 y 90 (similares a las que hoy se llevan a cabo en Europa) tuvieron un profundo impacto en los niveles de pobreza y desigualdad. En algunos países, estas medidas retrasaron el desarrollo dos décadas y provocaron un enorme aumento de la desigualdad. A pesar de que Europa parte de una situación distinta a la de aquellos países, las medidas puestas en marcha para reducir el déficit están teniendo los mismos efectos perversos: deterioro de los servicios públicos, merma de la protección social, debilitamiento de la capacidad de negociación colectiva a consecuencia de la desregulación del mercado laboral”.

Desde las altas instancias de la U.E. se está gestionando la estafa económica (llamada también crisis) en provecho de unos pocos. Y en España, sus fieles, (tanto Rajoy como Artur Mas) desmantelan la sanidad UNIVERSAL (una conquista de civilización y ciudadanía que no pueden apreciar los saqueadores profesionales de los derechos humanos y de lo público) dejan sin protección a miles de personas dependientes, y destruyen la igualdad de oportunidades en educación, devolviéndonos a los tiempos de la caridad, los mecenazgos imprescindibles y los patrocinios abyectos. En el Informe de Intermon Oxfam nos advierten que el proceso es común a buena parte de Europa: se revierten “décadas de progreso en materia de derechos sociales. Los agresivos recortes en la seguridad social, la sanidad y la educación, los derechos mermados de los trabajadores y un sistema fiscal injusto están atrapando a millones de ciudadanos europeos en el círculo vicioso de la pobreza, que podría perdurar durante generaciones. No tiene sentido moral ni económico”. No, no lo tiene. Sólo lleva a la barbarie y al abismo. También para ese 10% de los europeos más ricos que han visto aumentar su riqueza. Mientras, “España, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y el Reino Unido –los países que están aplicando las medidas de austeridad de forma más rigurosa– pronto estarán entre los países con mayor desigualdad del mundo si sus líderes no cambian de rumbo. Por ejemplo, la brecha entre las personas ricas y las personas pobres en el Reino Unido y España podría equipararse a la de Sudán del Sur o Paraguay”.

Sin embargo, el informe llama a explorar y decantarse por otras opciones, por otros modelos de crecimiento social y económico que “invierta en las personas, refuerce la democracia y busque un sistema fiscal justo”. Si los gobiernos combatieran de verdad la evasión fiscal, aplicaran un impuesto a las transacciones financieras internacionales y equilibran el sistema fiscal en sentido de mejor redistribución, podría abrirse, quizás, otro escenario de futuro. Porque significaría, además, que hay margen para poner límites a un sector financiero sin regulaciones necesarias, porque se puede impulsar un nuevo modelo de prosperidad. Pero es muy difícil, cada día más. Hace tiempo que ya ni siquiera considero “terceras vías”, y cada día veo menos posibilidades para el rebrote de una socialdemocracia económica. Frente a un 10% que, en su prepotencia y obcecación, lo quiere todo, crece más y más la urgencia del 90% que lo NECESITA TODO. Incluso identidad nacional.

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NOTAS PARA EDITORES:

El análisis de Oxfam está basado en la definición oficial de la Unión Europea del concepto de “pobreza” (fuente). En 2011, 121 millones de personas se encontraban en riesgo de padecer pobreza en la UE; un 24,3% de la población (fuente). El Institute for Fiscal Studies predijo que, si las medidas de austeridad continuaban como hasta el momento, entre 2010 y 2020 la tasa de pobreza en el Reino Unido aumentaría entre un 2,5 y un 5% entre varios grupos (fuente). Si el nivel de pobreza aumentase en la UE un 3% a lo largo de los próximos 12 años (hasta el 2025), el número de personas en riesgo de pobreza se incrementaría hasta los 14.963 millones. Si la tasa de pobreza se incrementase un 5%, supondría un aumento hasta 24.939 millones.

Tras aplicar su programa de ajuste estructural durante los años noventa, Bolivia vio incrementarse en 16 puntos porcentuales la desigualdad de ingresos netos (después de impuestos y transferencias sociales) durante un periodo de seis años. Desde el comienzo de la aplicación de las políticas de austeridad, algunos países ya han experimentado un incremento de la desigualdad. Si España, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y el Reino Unido experimentaran un aumento similar al de Bolivia, la desigualdad neta se incrementaría hasta los 0,47-0,51 puntos, haciendo que estos países se encontraran entre aquellos con mayor desigualdad del mundo. Según las últimas estimaciones, el coeficiente de Gini (un indicador de la desigualdad) de Sudán del Sur y Paraguay es 0,45 (2009) y 0,52 (2010) respectivamente (fuente).

Desde que la crisis financiera estallara hace cinco años, muchos de los países que se han visto gravemente afectados por las medidas de austeridad – España, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y el Reino Unido– han sufrido una de estas dos consecuencias: o el 10% más rico de la población ha visto cómo sus ingresos totales aumentaban o el 10% más pobre ha visto cómo sus ingresos mermaban. En algunos casos se produjeron ambas. En otras palabras, las personas ricas se enriquecieron aún más y las personas pobres se empobrecieron aún más (fuente).

En el Reino Unido y Portugal se estima que los salarios reales han disminuido un 3,2% entre 2010 y 2012 (fuente). En el Reino Unido, el valor real de los salarios se encuentra en niveles de 2003, lo que supone una década perdida para el trabajador medio (fuente). Tanto Italia como España e Irlanda también han registrado un descenso de los salarios reales durante este periodo. Grecia ha registrado una caída de los salarios reales de más de un 10% (fuente).

 
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Publicat per a 12 setembre 2013 in Ciutadania/Política, Europa

 

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La ciudadanía de Chipre como “daño colateral” de una batalla entre colosos

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La crisis de Chipre está poniendo de manifiesto no sólo la mediocridad y la hipocresía de las instituciones económicas europeas, sino también hasta qué punto los intereses electorales de Angela Merkel pueden sacrificar el empleo y el bienestar de la ciudadanía de los países del sur. En el caso concreto de Chipre, el abuso y el desprecio del país rico y grandullón frente a un estado minúsculo, subleva los criterios éticos y estéticos menos exigentes. Y no sólo por sus imposiciones arbitrarias, por romper sus propias normas y por convertir “impuestos” en “incautaciones” en menos de lo que un Parlamento se atreve a decir que NO al eurogrupo… La burla de los ministros de finanzas del eurogrupo a la soberanía de los pueblos se convierte ya en un sarcasmo inasumible (ver al respecto la declaración de Alexis Tsipras como portavoz de Syriza).

Pendientes de ver cómo responde ahora la ciudadania chipriota y su Parlamento a la nueva propuesta inmediata (y posteriormente a todo el paquete de rescate)  vale la pena explorar una visión adicional, y que, en cualquier caso, bien podría ser más que complementaria. Y es que Chipre se utilizara como reducidísimo campo de batalla ocasional para un primer e inconfesado enfrentamiento entre dos colosos: Rusia y Alemania. En su desarrollo, la ciudadanía chipriota sería la víctima inocente de un juego de estrategias que la supera en gran medida. De hecho, si se alza la mirada por encima del limitado campo de Chipre quizás se entienda mejor por qué desde Alemania (escudada en la troika) se quiere someter un país mosquito a  grandes cañonazos.

Leo en The Guardian que la crisis de Chipre arroja una luz reveladora sobre el estado actual de las relaciones entre la UE y Rusia, y entre Rusia y Alemania en particular. Durante años, las compañías más grandes de Rusia han utilizado Chipre como un centro de negocios en el extranjero, ya que la isla goza de tasas únicas de impuestos y otras condiciones legales. Pero eso puede significar, nos dice The Guardian  que los magnates rusos utilicen la isla como un centro de transición perfectamente legal para las relaciones con Europa.

Desde el punto de vista ruso, son especialmente difíciles de entender dos aspectos de la crisis. En primer lugar, no está claro por qué la UE pone condiciones tan difíciles, casi imposibles, para conceder a  Chipre la suma relativamente pequeña, € 17 mil millones, necesarios para evitar la quiebra. Chipre es un país pequeño, pero es importante para la credibilidad global del euro. En segundo lugar, si la UE realmente quiere tener dinero de Rusia para el rescate, entonces deberían haber implicado Moscú en el proceso desde el principio, y trabajar juntos para presentar un plan de rescate viable para Chipre.

Desde Moscú, parece que el gobierno alemán está de nuevo jugando un papel poco glorioso en los asuntos internacionales. Para Rusia, Alemania es clave en la UE tanto desde el punto de vista social como económico y político, pero en los últimos dos años – y sobre todo desde que Vladimir Putin vuelve a ser presidente de Rusia – se ha producido un distanciamiento cada vez mayor entre Berlín y Moscú. Se está lejos de las buenas relaciones que existieron entre Schröder y Putin y Yeltsin y Kohl. Merkel ha sido más crítica que sus predecesores en materia de derechos humanos. Por ejemplo, en noviembre pasado, la coalición de gobierno de los demócratas cristianos (CDU / CSU) y los Demócratas Liberales en la cámara baja alemana destacó la importancia de la sociedad civil y el Estado de derecho en las relaciones con Rusia – un hito importante en las relaciones ruso-alemán.

La postura de Merkel, pues, parece contrastar con la de sus predecesores. Hace tres semanas, en el Die Zeit semanal se inició un debate sobre la falta de un equilibrio entre los valores políticos y los intereses políticos en la política exterior alemana. Muchos políticos alemanes han sido criticados por haber recibido dinero de Rusia y abrir las puertas a los negocios de Rusia en Alemania.  Entre los nombres que se citan está el ex canciller Gerhard Schröder – quien fue nominado por Gazprom para encabezar el comité de accionistas de Nord Stream, que tiene por objeto el suministro de gas ruso directamente a Alemania – y el ex alcalde de Hamburgo, Henning Voscherau, que aboga por la Gazprom liderada por Proyecto Sur Stream.

Como señala Die Zeit, incluso el respetable ex-ministro  de Asuntos Exteriores Hans-Dietrich Genscher ha puesto una alfombra roja metafórica para regímenes autoritarios como los de Kazajstán y Azerbaiyán. Tpodo ello lleva a suponer que  la interacción entre los intereses económicos y los valores democráticos será un tema clave en la campaña electoral para las elecciones parlamentarias alemanas de otoño de este año. Los dirigentes de Rusia ya pueden prepararse porque todo indica que va a ir a más el desaire de Merkel en los próximos meses. (Aunque el mayor problema y sufrimiento será, sin embargo, para la ciudadanía de los países que entren en sus disputas…)

 
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Publicat per a 25 març 2013 in Europa

 

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Los “arrepentidos” del neoliberalismo, o algo cambia para que todo siga igual

Crisis FMI EL ROTOUn texto de Stefano Porcari visto en Contropiano en el contexto de la campaña electoral italiana en la que todos los partidos critican las directrices “tradicionales” del FMI en base a los actos de contrición (demasiado escondidos en Portugal, Grecia, España, etc…) de los grandes nombres de la economía muncial que han ido denunciando, sucesivamente, las políticas de austeridad. Mientras en España (y en Catalunya) los políticos en el poder siguen agitando la amenaza demasiado real de futuros recortes que implican mucho más sufrimiento, en Italia, y por el breve periodo de la campaña, los partidos de centro-derecha esgrimen los elementos críticos, a la caza del voto. Ya dijo Giuseppe Tomasi di Lampedusa que “es preciso que algo cambie para que todo siga igual”… pero el hecho de que sea más crítico el contenido de las campañas electorales (e incluso se atrevan a desafiar los santos dogmas neoliberales) no significa que, de hecho, no sigan aplicando las mismas políticas de la desigualdad, y por tanto sigan empeorando las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población italiana bajo el expolio de las terapias de shock.

Primero fue Stiglitz (Banco Mundial), después Blanchard (FMI), ahora Juncker (Comisión Europea). Los “arrepentidos” de la terapia de shock antisocial hacen autocrítica en relación a los principios que ayudaron a imponer en su “vida anterior”.

Hace unos años, fue el ex director del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, y ahora le toca el turno al presidente saliente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, cuando ha llegado al final de su período de tecnócrata: en su discurso de despedida ante el Parlamento Europeo presentó una propuesta para introducir un salario mínimo a nivel europeo para mantener un mínimo de ingresos entre las capas sociales en mayores dificultades en tiempos de crisis. “Nos dijeron que el euro podría equilibrar la sociedad, pero por el contrario aumenta el desempleo, que hoy es dramático, y es una tragedia a la que no damos toda la importancia que tiene”, explicó a los eurodiputados que reaccionaron entre molestos y asombrados. “La Unión Económica no son sólo cuentas en orden, sino también una sociedad sin desequilibrios.” La solución pasa el redescubrimiento de la dimensión social y por medidas como el salario mínimo: “De otro modo, en palabras de Marx, vamos a perder la aprobación de la clase trabajadora”, dijo Juncker, quien, entre otras cosas, cita decididamente mal a Karl Marx ya que la propuesta de salario mínimo fue de Ferdinand Lassalle contra el cual Marx sostuvo una agria polémica. Pero Juncker es sólo el último de exteriorizar una crisis de conciencia ante la aplicación de medidas que cuestan “sangre y lágrimas” y que están causando estragos en la sociedad de países enteros.

Unos días antes se había producido el “mea culpa” del economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard. En un artículo publicado en el Washington Post informó de un estudio del FMI que se acababa de haber público – dirigido por Blanchard y Daniel Leigh sobre los errores de predicción del crecimiento y los multiplicadores fiscales (FMI WP/13/1). En dicho trabajo se reconoce que perjudican la economía y el empleo los planes de austeridad propuestos o mejor dicho, impuestos, sobre media Europa en los últimos años. Y lo que es peor, ni siquiera funcionan para reequilibrar las cuentas públicas, ni para reducir la relación infame entre deuda pública y PIB, es decir, el auténtico faro que guía las decisiones políticas de todos los países occidentales.

Hasta la fecha, el FMI ha señalado que el camino para reducir la relación deuda / PIB era sólo uno: planes de austeridad, recortes en el gasto público, desmantelamiento del Estado de bienestar. Si se recorta el gasto público, con los mismos ingresos se reduce el déficit y por tanto, también la deuda pública. Pero hay una dificultad: recortar el gasto público significa menos inversión, menos dinero para funcionarios públicos, menos servicios y así sucesivamente, lo que supone una disminución del PIB. Por un lado, por tanto, los planes de austeridad reducen el numerador, pero por el otro lado, también disminuyen el denominador. El FMI siempre ha sostenido que esto no era problema, sino un precio a pagar, pero en su conjunto la economía de los estados sometidos a las terapias de choque debía mejorar.

Sin embargo, este último estudio del FMI señala que si se recorta el gasto público, el PIB disminuye más rápidamente de lo que disminuirá la deuda, y por tanto la ratio empeora. Los planes de austeridad no sólo son devastadores desde el punto de vista social, sino también perjudiciales para la situación macroeconómica. Si hoy en día incluso el FMI admite que se equivocó completamente en sus predicciones, parece muy extraño – e inaceptable – que en Italia hayamos tenido un gobierno -que impuso los planes de austeridad como un dogma- apoyado por al menos dos partidos, el PD y el PdL, que hoy se oponen al FMI pero mañana están dispuestos a volver a someterse a sus designios. Y no se oyó ninguna voz discordante durante los trece meses de Monti en el gobierno que denunciara que se estaba aplicando un dogma sangriento para las personas trabajadoras, pensionistas y en el desempleo. Sólo lo han hecho cuando el gobierno dimitió, y lo seguirán haciendo las semanas que dure la campaña electoral, para olvidarse poco después, cuando se definan las líneas estratégicas del nuevo gobierno, en nombre de la obediencia a los dictados de la troika.

 

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Portugal: Que se lixe a Troika, queremos nuestras vidas!

Las portadas de hoy de la prensa portuguesa:

Dijeron los insumisos:

“Es necesario hacer algo extraordinario. Es necesario tomar las calles y las plazas de las ciudades y nuestros pueblos. Juntar las voces, las manos. Este silencio nos mata. El ruido del sistema mediático dominante resuena en el silencio, reproduce el silencio, teje redes de mentiras que nos adormecen y aniquilan nuestros deseos. Es necesario hacer algo contra la sumisión y la resignación, contra el estrechamiento de las ideas, contra la muerte de la voluntad colectiva. Es necesario convocar nuevamente las voces, los brazos y las piernas de todas y todos los que saben que en las calles se decide el presente y el futuro. Es necesario vencer el miedo que hábilmente ha sido diseminado y, de una vez por todas, entender que ya poco tenemos que perder y que llegará el día en el que ya lo habremos perdido todo porque nos callamos y, solos, desistimos….”

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Y después, salieron a la calle….

Empezaron su comunicado diciendo que había que hacer algo extraordinario…¡ Y LO HICIERON!  En más de 30 ciudades portuguesas. Las manifestaciones más numerosas después del 25 de Abril. El llamamiento acababa con estas palabras:

“Nos han dividido para oprimirnos. Juntémonos para liberarnos.”

Y la movilización del 15S hizo temblar los hombres de negro. Ojalá vuelvan los claveles. Ojalá Portugal, de nuevo, despierte.

Pueden encontrar más información en:

Facebook – https://www.facebook.com/events/402643499798144/

Email: queselixeatroika15set@gmail.com

Twitter – https://twitter.com/queselixetroika

#queselixeatroika

(Ver todo el comunicado en la página de #AcampadaSOL)

 
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Publicat per a 16 setembre 2012 in Europa

 

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La red global y sus títeres

¿Quién estaba detrás de Mariano Rajoy, manejando el ritmo y la intensidad de los hachazos que anunciaba entre los aplausos de diputados asociales? ¿Quién tenía al pinganillo mientras radiotransmitía la mutilación de  los derechos de ciudadanía,  atentaba contra las posibilidades reales de recuperación económica y demostraba (que no reconocía) que la soberanía nacional española es, en manos del gobierno del PP,  poco más que una piltrafa?

Mientras iba escuchando todas las justificaciones rebosantes de sandeces de un Jefe de Gobierno que nunca debió serlo, recordaba los textos que han pasado recientemente por mis manos sobre The network of global corporate control  que puede descargarse, siguiendo el link anterior, desde la Universidad de Cornell.

Los autores inician su presentación afirmando que “la estructura de la red de control de las corporaciones transnacionales afecta la competencia del mercado global y la estabilidad financiera”. Y esta afirmación, que parece muy obvia, desarticula de hecho todos los supuestos básicos sobre los que se basa el modelo económico (el capitalismo).  Aunque Rajoy engole la voz e intente sacar pecho,  el control de la economía mundial, y el crecimiento  (incluso el supuesto “crecimiento negativo” que mencionó el mentecato) está en manos de esas mismas corporaciones transnacionales, como lo están también  (aunque se quiera,  cuando menos, disimular)   las políticas  antidemocráticas de recortes de derechos laborales y servicios públicos.

Reservando todavía una muy débil esperanza para el mandatario francés F. Hollande, un ejemplo especialmente impactante lo podemos encontrar en la completa entrega y rendición en el tema de la “deuda soberana”. Que la Constitución determine límites al déficit y a quién se debe pagar primero el servicio de la Deuda nos da una idea del golpe de Estado en las instituciones,  y de la relación de desigualdad  -e incluso de sumisión- que existe entre las TNC y los Estados. Y es precisamente esta innoble actitud de sumisión y desigualdad  de los políticos occidentales al poder económico la que quieren que se contagie a la ciudadanía. Si los representantes elegidos se comportan como mansos corderos camino del sacrificio, ¿cómo se atreve la ciudadanía a decir NO, a decir BASTA, a devolverles los improperios?

La concreción de un capitalismo con características globales que actúa y defiende sus intereses en más de un Estado no encuentra obstáculos a sus desmanes porque los distintos gobernantes de cada Estado en la Unión Europea y en especial en la eurozona -véase Rajoy- se prestan de buen grado a esta relación masoquista de sumisión.  El enorme poder concentrado de las TCN consigue que los gobiernos sigan dedicando, ahora con mayor acento en Europa,  enormes sumas de dinero público para salvar sus bancos y sus grandes empresas de la quiebra. Y lo hacen a costa de los presupuestos de políticas de bienestar social para las mayorías no sólo por motivos económicos, sino ideológicos.  Y lo hacen a costa del apoyo que necesita la población víctima de las crisis-estafas en lugar de apoyar alternativas productivas descentralizadas y de pequeña escala (como la pequeña y mediana empresa real, la agricultura campesina, las cooperativas de trabajadores urbanos, etcétera) porque quieren aplastar también las alternativas que  pueden hacer frente a las múltiples crisis-estafas desde las raíces, cambiando las causas desde la raíz,  y no transformando los síntomas de la enfermedad en nuevas fuentes de negocios.

Perdida la soberanía monetaria y transferido ese poder al BCE (que puede financiar a los bancos, pero tiene prohibido por sus estatutos financiar a los Estados) los países de la eurozona, y en especial los países con problemas estructurales y graves dificultades financieras como España, Irlanda, Grecia, Italia y Portugal, pueden optar por repensar y cambiar las poíticas (cosa imposible cuando se trata de Gobiernos peleles) o deben ponerse de “rodillas” para financiar incluso su deuda interna. La débil estructura democrática de los políticos en el Gobierno les ha hecho presa fácil de las imposiciones y depredaciones, que por si fuera poco se refuerzan con la acción de las organizaciones internacionales (FMI/BCE/BCE), dominadas por estas mismas corporaciones. Si se les hubiera escapado algún resquicio de control y Syriza hubiera llegado al gobierno en Grecia, la lucha de David contra Goliath nos hubiera tenido que interpelar todavía con mayor fuerza por cuanto suponía un cambio evidente en el control del poder político (sin ir acompañado por el momento y por desgracia, por ningún cambio substancial en el poder económico).

Metodología del estudio y desarrollos posteriores

«The network of global control» no es el único estudio serio sobre este tema fundamental, pero la investigación de Stefania Vitali, James B. Glattfelder y Stefano Battiston, del Instituto Federal de Tecnología de Suiza (publicado en la revista científica PLoS ONE el 26/10/11) destaca por su rigor. El estudio analiza las redes corporativas globales y las relaciones entre ellas, para lo cual se basa en la interpretación de información de la base de datos Orbis al 2007, que registra más de 30 millones de actores económicos en el mundo.

Los investigadores seleccionaron 43.060 de las mayores empresas en 116 países y encontraron que 737 concentran el 80 % de las ventas de todas las transnacionales. Pero a nivel de conexiones hay un núcleo de 1.318 empresas que tienen dos o más interconexiones, con un promedio de 20 vínculos entre sí. Estas 1.318 empresas, con sede en 26 países, mayoritariamente anglosajones, controlan el 60 % de los ingresos globales, a través de acciones en empresas globales de manufactura, energía y otros productos básicos.

Así pues, un conjunto de 1.318 grandes corporaciones poseen o controlan, en conjunto, alrededor del 60 % de la economía mundial, apropiándose de la parte del león de la plusvalía producida por los trabajadores de todo el mundo. También los 50 mayores grupos transnacionales (TNC de acuerdo con la definición de la OCDE) controlan el 39,78% de la red de participaciones cruzadas que permiten el dominio de la economía mundial.

Como araña en la red, de esas 1.318 empresas, hay un núcleo con una densidad de interrelaciones mucha mayor. Se trata de las 147 empresas que detentan el 40 % de los ingresos.  La gran mayoría son instituciones financieras, entre las que se encuentran nombres muy conocidos como Barclays Lpc, Axa, JP Morgan Chase & Co, Merrill Lynch & Co Inc, Deustche Bank, Bank of America, Walton Enterprises LLC (la firma inversora del capital de la familia Walton, dueños de la empresa más grande del mundo: el supermercado WalMart), ING Group, BNP Paribas. La número 50 en la lista es significativamente la china Petrochemical Group Company, que denota el ascenso de los capitales chinos a este grupo exclusivo de corporaciones que tienen las riendas económicas y financieras del planeta.

En resumen,  si 1.318 grandes corporaciones controlan el 60 % de la economía mundial, apenas 147 empresas transnacionales controlan el 40 % del volumen total de ventas de todas las transnacionales del globo. El dato más sorprendente no es que sean pocas —existían ya estudios mostrando el alto grado de concentración corporativa—, sino que están estrechamente interconectadas a través de acciones y participaciones entre ellas, constituyendo una “superentidad” global que ejerce un control enorme sobre mercados, producción y políticas nacionales e internacionales. Además, como hemos sabido, las tres cuartas partes de estas 147 superpoderosas son bancos e intermediarios financieros, que a su vez tienen un importante porcentaje de acciones en las mayores empresas de capital productivo. Y una de las más gritonas, exigentes y desacomplejadas por lo que a respetar la legalidad se refiere, es Goldman Sachs.

Desarrollos posteriores

Aunque el estudio está hecho sobre datos del 2007, previos a romper la ola de crisis financiera que acabó con algunas de las empresas referidas en el estudio, la estructura de la red se mantiene y consolida, y es una información clave para entender también las políticas “públicas” que se promueven frente a las crisis financiera, alimentaria, climática y ambiental.

Como podemos leer en “una especie en peligro”, sin tocar la especulación financiera que causó la crisis.  ni modificar los nocivos modelos de consumo y de producción contaminantes (bases de la civilización petrolera y de la devastación ambiental y climática), se promueven nuevas fórmulas para aumentar la penetración de los mercados financieros en la naturaleza (mercados de carbono, de servicios ambientales, de biodiversidad, etcétera).  Se promueve una mayor explotación de la naturaleza y los recursos a través de nuevas tecnologías, como por ejemplo, el uso extendido de biología sintética para procesar biomasa como fuente de combustibles, de fármacos y sustancias industriales.  De forma irónica, los gobiernos conceden subsidios a las  corporaciones que abren nuevas fuentes de mercantilización de la naturaleza y sus funciones, buscando supuestos (falsos)  remedios a las crisis que ellas mismas provocaron. El todo del frause  se conoce como “economía verde”. O como dijo Obama parafraseando a F. Roosevelt frente a la crisis de 1929, se trata de un “green new deal” (nuevo acuerdo verde), donde todos son escenarios de ganar-ganar. Claro que las ganancias-ganancias están siempre referidas a los mismos, y en el peor de los casos, y por no significar ni propuesta ni alternativa real,  le llegan incluso de rebote a  Sheldon Adelson y a su devastador proyecto de Eurovegas. 

Un texto interesante al respecto puede ser  “Quién controlará la economía verde” . En otro sentido, y como investigación a tener en cuenta, el economista portugués Eugénio Rosa estudia en “Los grupos empresariales ‘portugueses’ y las grandes empresas transnacionales” la relación de los grandes grupos empresariales en Portugal .

 
 

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Amartya Sen sobre la “austeridad” europea

El gran economista y Premio Nobel Amartya Sen publicó a primeros de este mes este artículo en The Guardian que creo merece la máxima difusión. En opinión de Sen:

La austeridad está socavando la gran visión de Europa

WH Auden

El sueño de la unificación de Europa se remonta al menos al siglo XV, pero fue el horror de las guerras mundiales del siglo XX lo que impuso su urgente necesidad en nuestro tiempo. El reto lo describió perfectamente el poeta WH Auden, a principios de 1939, con estos versos: “En la pesadilla de la oscuridad / Todos los perros de Europa ladran, / Y las naciones vivas esperan, / Cada una secuestrada en su propio odio.”

Es importante tener en cuenta que el movimiento de unificación europea comenzó como una cruzada por la amistad transfronteriza y la unidad política, combinada con más libertad de movimientos de personas y bienes. Más tarde se dio prioridad a la unificación económica, con una moneda común, y así, hasta cierto punto, comenzó a descarrilar la aspiración original de la unidad europea.

Los llamados “paquetes de rescate” para las economías con problemas de Europa implican, de forma contumaz, recortes draconianos en servicios públicos y calidad de vida. La dureza y desigualdad del proceso han afectado seriamente el ánimo de los países afectados por la austeridad y  generado resistencias -e incumplimientos parciales- que a su vez, han irritado a los líderes de los países que ofrecen el “rescate”. Lo que los pioneros de la unidad europea querían eliminar realmente, a saber, la desafección entre los países europeos, se ha fomentado con estas políticas altamente conflictivas (y que ahora se reflejan en la retórica como “griegos vagos” o “alemanes dominantes”, según el país en el que se viva) .

Como resultado, los costos de las fallidas políticas económicas van mucho más allá de la economía (por importante que sea). No hay peligro de un retorno a 1939, pero no ayuda que los perros ladren, secuestrados por el resentimiento y el desprecio – si no por el odio. También en el aspecto económico, las políticas han sido gravemente contraproducentes, con la caída de los ingresos, el alto desempleo y la desaparición de servicios, sin que se apreciara el “efecto curativo” de la esperada reducción del déficit.

Entonces, ¿qué ha ido mal?  Hay dos aspectos que deben considerarse de forma separada: uno, la naturaleza contraproducente de la política de austeridad impuesta (o, como en Gran Bretaña, escogida voluntariamente) a los gobiernos, y dos, la sospecha razonada sobre la no viabilidad del euro compartido.

El atractivo moral de la austeridad es engañosamente alta (“si duele, cura, o por lo menos está haciendo algo bueno”), pero su ineficacia económica es evidente por lo menos desde que Keynes desacreditó “el recurso a la austeridad” en la Gran Depresión de la década de 1930, con alto desempleo y desaprovechamiento de la capacidad productiva por ausencia de demanda efectiva. También  la reducción de los déficits públicos supone una derrota auto-infligida, porque la austeridad tiende a deprimir el crecimiento económico, y hace que disminuyan, por tanto, los ingresos del gobierno. Gran parte de la eurozona se ha ido reduciendo -en lugar de empezar a crecer- desde el inicio de estas políticas.

Sin embargo, tenemos que ir mucho más allá de Keynes para comprender el daño que ha causado la mala elección del culto a la austeridad. Tenemos que preguntarnos para qué sirve el gasto público, más allá del fortalecimiento de la demanda efectiva en la que Keynes se centró, y considerar además  los servicios que financia.  Los recortes salvajes en servicios públicos importantes socavan lo que se había convertido en un compromiso social europeo en la década de 1940. Con ello fue posible el surgimiento del Estado de bienestar y los servicios nacionales de salud, y se dio un gran ejemplo de responsabilidad pública y una lección que todo el mundo debería aprender.

Por lo que al segundo problema se refiere, la implantación del euro con tipos de cambio fijos para todos los países de la zona, ha propiciado que las economías que se quedan atrás en la carrera de la productividad tiendan a resentirlo en sus exportaciones, y países como Grecia, España o Portugal ya lo están experimentando . Naturalmente, la competitividad puede recuperarse, por lo menos en parte, recortando salarios y niveles de vida, pero con ello se genera un gran sufrimiento (en buena parte innecesario), y una resistencia popular totalmente comprensible. Los fuertes aumentos en la desigualdad entre regiones pueden compensarse con movimientos migratorios a gran escala en Europa (por ejemplo, de Grecia a Alemania). Pero es difícil suponer que la continua entrada de población inmigrada no genere resistencias políticas en el país de acogida.

La falta de flexibilidad de los tipos de cambio del euro es un problema en sí mismo si se mantienen las diferencias en el comportamiento económico de los países. Una moneda única en un país federal políticamente unido (como los EE.UU.) puede sobrevivir gracias a los mecanismos de ajuste (entre los que figura la migración interna y grandes transferencias de fondos interestatales.  Pero en una Europa políticamente desunida no se puede utilizar el mismo mecanismo.

Si las políticas económicas europeas han sido económicamente erróneas, socialmente perjudiciales y normativamente contrarias a los compromisos que surgieron en Europa después de la segunda guerra mundial, también han sido políticamente ingenuas. Las políticas han sido impuestas por los líderes financieros con muy pocos deseos de que se discutieran seriamente. La toma de decisiones sin discusión pública – que es una práctica habitual en la elaboración de las políticas financieras europeas – no sólo es antidemocrática, sino también ineficiente en términos de generación de soluciones prácticas razonadas. (…)

Los problemas que afectan hoy a Europa son, en gran medida, el resultado de errores políticos: 1) por la mala secuenciación (unión monetaria priorizada, unión política postergada); 2)  por un mal razonamiento económico (incluyendo hacer caso omiso de las lecciones políticas del keynesianismo, y menospreciar el valor que los europeos conceden a  los servicios públicos); 3) por la toma de decisiones autoritarias, y 4) por la persistente confusión intelectual entre reforma y austeridad.  Nada en Europa es tan importante hoy como un reconocimiento lúcido de lo que ha ido tan rematadamente mal en la construcción de la gran visión de una Europa unida.

Con las debidas distancias, mi opinión sobre el tema en “Una Europa sin alma, la Europa de las desigualdades”

 
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Publicat per a 8 juliol 2012 in Europa

 

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De Apple e iTunes, paraísos fiscales, austeridad y crecimiento

Nos ponen zanahorias inalcanzables y así se van desgranando artículos, informaciones, tertulias… Con las orejeras puestas, escucho contraponer crecimiento a austeridad sin rubor hasta que incluso Soraya Sáez de Santamaría se da cuenta del dislate que pocos minutos antes había denunciado Joaquín Estefanía en la Cadena Ser. Pero no se abre la panorámica: roemos y rumiamos un concepto tras otro sin ofrecer alternativas que no sean más de lo mismo. En una ciénaga que se traga implacable a los más débiles, culpabiliza Artur Mas al gobierno del PP (a pesar de que le apoya en sus políticas), mientras Santamaría acusa de las ineptitudes de su gabinete a Grecia. Y el pueblo de Grecia está sufriendo un chantaje económico y moral porque se rebela contra las directrices del FMI y de Merkel, mientras se obvia lo fundamental: que los poderosos del sistema se comportan como quieren, sin estándares morales (como siempre) e imponen las políticas que les interesan y que sólo van a su favor. Por eso nadie habla ya de redistribución en serio cuando debería ser la política determinante para salir de la crisis… y entramos en la caricatura cínica de hablar del repago en medicamentos como una manera de que “paguen más los que más tienen”. El cinismo de los políticos al servicio de la desigualdad y la ocultación de responsabilidades deja sin aliento…

Todavía hay, sin embargo, quien no se deja distraer de lo esencial, e insiste en acabar con los paraísos fiscales y poner una tasa a las transacciones financieras internacionales. Porque hay que seguir denunciando que España renuncie a la lucha contra el fraude, y que para acabar con la propuesta del Parlamento Europeo sobre la tasa Tobin baste con que Cameron diga que el Reino Unido no la acepta. Y así vamos dando vuelta a la noria de las falsas soluciones y apuntando a objetivos equivocados.

Les voy a poner un ejemplo de lo que digo. Hace unos días leí que Apple, la empresa con beneficios récords, no es nada amiga de la política de redistribución de sus rentas. Gracias a la excusa de la optimización y a las filiales localizadas en paraísos fiscales, la empresa sólo paga un 9,8% de impuestos a nivel mundial. Una pérdida de ingresos de gran importancia en el presupuesto de California pero también en el francés y en el de otros países. Sus maniobras son legales pero lo que revela la larga investigación del New York Times es indignante: Sólo unas semanas atrás, Apple se preguntaba qué hacer con sus 100.000 millones de tesorería. La solución econtrada es crear sociedades pantalla en los paraísos fiscales, como iTunes SARL en Luxemburgo. El 70% de los beneficios de la empresa se esfuman en los paraísos fiscales fuera de Estados Unidos.

Apple tiene su sede social en Cupertino, California, donde el impuesto sobre sociedades es del 8,84%, pero transfiere todos sus impuestos a Nevada -mediante una filial llamada Braeburn Capital- y consigue el tipo impositivo del estado de Las Vegas, que es del 0%. A Apple no le importa que California sea el Estado más endeudado de Estados Unidos, que decenas de miles de funcionarios hayan recibido su carta de despido y que los impuestos sobre el consumo, principalmente la gasolina, hayan aumentado. Ni que se haya reducido de manera dramática el programa de salud pública, ni que disminuya en casi 5000 millones la financiación pública a universidades y jardines de infancia. (Por cierto, todos estos recortes, ¿no les recuerdan, en forma y fondo, algunos muy dolorosos y próximos?)

Sin embargo, al margen de los puestos de trabajo, Apple aumenta el déficit en California jugando con el dumping fiscal. Y no es ella sola. Se le unen otras empresas importantes como Microsoft, Cisco, Oracle, Harley Davidson, y centenares de otras empresas con filiales en Nevada o Delaware. Y no se trata sólo de los Estados Unidos: Apple también consigue ahorros fiscales en uno de los estados fundadores de la maltrecha Unión Europea. La dirección de Apple lo explica bien: el gobierno de Luxemburgo promete impuestos bajos sobre los ingresos de iTunes a condición de que todas las transacciones pasen por el pequeño estado europeo. Las transacciones de iTunes tendrían que haber pagado impuestos a varias Haciendas, pero poco importa dónde se encuentre el iPhone o el Mac: lo que se compre de iTunes, tributará en Luxemburgo.

Apple se ha beneficiado tambien de las ventajas de Irlanda: Con dos filiales de poca monta en la isla, Apple se aprovecha de los acuerdos europeos libre-cambio y puede inundar Europa con sus productos casi sin pagar impuestos. El New York Times cita para concluir a un investigador en derecho fiscal en California, que explica que esta estrategia fiscal de Apple y de otras multinacionales no es solamente una gran pérdida en impuestos para Estados Unidos y California, sino también para Alemania, Francia, Inglaterra y decenas de otros países.

Pero seguimos dando vueltas a la noria, talando a diestro y siniestro lo que es fundamental para el bienestar y la supervivencia de las personas más débiles, y fijándonos sólo en la última zanahoria que nos cuelgan (por letales que puedan ser sus efectos si llegamos a morderla). Se impone la austeridad a los que ya casi nada les queda. Y se entiende por crecimiento que Apple, iTunes y tantas otras empresas tecnológicas, químicas, farmacéuticas y financieras mejoren sus resultados con su comportamiento insolidario. ¿Quién cuestiona su irresponsabilidad social? ¿Quién les exige que tributen de manera más equitativa? Lo adivinan: nadie. Quizá cueste verlo porque los árboles no dejan ver el bosque, y estos días, menos que nunca. Nos imponen una miopía suicida. Sin embargo, aunque los árboles estén podridos, en saber orientarnos en el bosque nos va la vida.

 
 

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Una Europa sin alma: la Europa de las desigualdades

Desde la revista Exodo me pidieron un breve análisis sobre la construcción de Europa. He esperado a publicarlo en el blog hasta no saliera la versión impresa . Hoy quisiera compartir mis reflexiones sobre la deriva europea…

Desde Maastricht hasta la actual crisis: lo que se ha ido creando y lo que se ha ido dejando de lado o excluyendo en la UE[i].

Introducción

El gran fracaso de la Unión Europea es no haber sabido acompañar y acompasar, a lo largo de los años, la construcción de  vínculos políticos con los sociales y económicos con la ciudadanía europea como gran protagonista. Es, de hecho, la disolución de un aliento original mientras se desdibujan los contornos de lo que  podía haber sido un modelo de convivencia y civilización para otras sociedades.

Vivimos ahora en una Europa sin alma, en una Europa que se hunde en las desigualdades. La Europa que se desfigura en esta crisis pone cada día más al descubierto el desgarro de unos procedimientos democráticos vulnerados (Grecia, Italia) y las hechuras de una inmensa estafa política y social;  significa la pérdida de los derechos ciudadanos que representaban una impronta y razón de ser fraguada tras las tensiones de la II Guerra Mundial y la levedad de la voluntad  –que en su momento pudo ser real-  de construir en paz nuevas democracias europeas basadas en las políticas de bienestar y en un pleno empleo donde las mujeres contaran, en el reparto de todos los trabajos y responsabilidades, en pie de igualdad.

Mientras que antes de los años 90 del pasado siglo la gran disyuntiva de los gobiernos (y, al mismo tiempo, su gallardete ideológico) era la prioridad a la lucha contra el paro (socialdemocracia) o la inflación (conservadores), después del Tratado de Maastricht se impusieron condiciones tecnocráticas sobre límites en el tipo de interés, déficit, deuda, inflación y tipo de cambio (en el periodo de transición),  y marcaron un surco cada vez más profundo en el que se hunden, de manera desigual, los 27 países que configuran la Unión Europea y en especial los 17 de la Eurozona.

Los intereses nacionalistas y las fidelidades no sólo históricas sino, sobre todo, económicas entre clases hegemónicas nacionales y extra-europeas, impidieron que la dimensión social y política se mantuviera en primer plano e interviniera, en condiciones de igualdad, en la pauta de la construcción europea. En su ausencia, se consolidó el plano paisaje dominado por una disciplina monetaria y financiera  que responde a dogmas demostrada y sobradamente equivocados.  Se repetía a gran escala  la historia del Tratado de Roma de 1957, que en su preámbulo afirmaba que los países signatarios estaban “determinados a establecer los fundamentos de una unión sin fisuras más estrecha entre los países europeos”: los deseos declarados quedaron en poco más de una unión aduanera.  El Tratado de Maastricht fue otro grave tropiezo –y esta vez ya irremediable— en la ambición por construir en una paz perdurable una Europa que mantuviera vivo el espíritu del pacto social con el que se había saldado la II Guerra Mundial.

Por su parte,  las fuerzas sociales y del mundo del trabajo –contaminadas en mayor o menor medida  por los virus neoliberales y un post-modernismo cuanto menos equívoco—no supieron descubrir y denunciar la gravedad del escamoteo y la pobreza del engaño. Hasta que ya fue dolorosamente tarde, parecían  no darse cuenta que no contaban apenas en el proyecto: las  grandes empresas y los  capitales financieros  se apoderaron del proceso de construcción y ganaron hegemonía de manera inexorable.  Y así, como mínimo desde los años 90 hasta la fecha, la construcción de la Unión Europea, es para quienes apostaron en su momento por la construcción de una Europa de  derechos y  ciudadanía, la historia de un pacto traicionado y una subversión democrática. Una historia que no protagoniza –sino que padece- la inmensa mayoría de la población que se aleja cada vez más del proceso europeo y de quienes lo dirigen.

El Tratado de Maastricht

Contrariamente a como se quiere presentar, el Tratado de Maastricht de 1992 no representó ningún avance político. La modificación e integración que supone del Tratado de París de 1951 (o Tratado de las Comunidades Europeas), del Tratado de Roma de 1957 y del Acta única Europea de 1986, añadió el sistema de Cooperación en Asuntos de Interior y Justicia y hubiera podido enorgullecerse de sentar las bases para una  Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) — si no hubiera demostrado una vez tras otra las debilidades y enfrentamientos de los países miembros de la UE en un tema tan fundamental como la guerra y la paz, y no sólo más allá de las fronteras europeas.

En la operación de maquillaje, también se quiso presentar el Tratado de Maastricht como la consagración de la “Europa de los ciudadanos” al reconocer el derecho de voto en las elecciones municipales a los residentes de la UE, con independencia de su nacionalidad de origen[ii]. Pero lo cierto es que el protagonismo real que la ciudadanía europea debería haber jugado y conquistado,  por historia y acerbo democrático, está ausente. Y aunque introduce el principio de subsidiariedad –del cual ya ahora nadie habla— el Tratado de Maastricht sólo se justifica por su aportación clave a la unión económica y monetaria, fijando al alza, y con acento germánico, los requisitos para la construcción europea.  Lo fundamental, la razón de ser del Tratado, sin hipocresías ni funambulismos, fue el anuncio de creación de la nueva moneda europea y los criterios por los que podrían acceder a la misma los Estados miembro que decidieran formar parte también de la unión monetaria.

Si repasamos las tres fases que se acordaron en Maastricht  encontraremos la raíz de los grandes males que  asolan una Unión Europea en profunda crisis: en primer lugar, y para 1990 hasta 1993,  la liberalización completa de capitales; en segundo lugar,  la elaboración y sometimiento de  programas que respondieran a los criterios de convergencia económica por parte de cada uno de los Estados (con el gran protagonismo para la reducción de la inflación, y control del déficit y la deuda pública); y en tercer  lugar, y resumiendo, a partir de enero de 1999, la creación  de la moneda única bajo una única institución rectora de la política monetaria  -y al margen de todo control democrático.  El Banco Central Europeo fue concebido en el limbo de la responsabilidad política,  con el exclusivo propósito de controlar la inflación. Ni el BCE ni los Bancos centrales de cada país pueden prestar  directamente a los Estados, obligados a acudir a los mercados privados de capitales. Esto significa, en relación a la anterior disyuntiva de la que antes hablaba,  que para los países que formaron la eurozona  desde el inicio[iii] y como muy plásticamente describe Rosa María Artal[iv],   la Europa azul del predominio del capital y el control a  la inflación ganó definitivamente a la Europa roja (o, por lo menos, socialdemócrata) de las políticas de empleo (y por extensión, de  los derechos de la ciudadanía, de los trabajadores y trabajadoras europeos).

A partir de la consagración de los criterios de Maastricht y hasta nuestros días  (basta con reseguir los sucesivos acuerdos, declaraciones y tratados) sólo se abordará el paro como  resultado de rigideces excesivas en el mercado de trabajo. El mantra se repite hasta la náusea: el desempleo  es responsabilidad  de los propios trabajadores y trabajadoras  que no aceptan los necesarios ajustes, y de los sindicatos que defienden rigideces incompatibles con la confianza y seguridad que deben tener los empresarios para la creación de empleo. Desde los Bancos Centrales de cada Estado (El Banco de España se ha mostrado inasequible al desaliento al respecto) hasta las organizaciones de la patronal (con la CEOE en versión española) hasta el Consejo Económico y Financiero, han venido reiterando, fuera cual fuera la coyuntura económica,  su imperativa recomendación de mayor flexibilidad (o pérdida de derechos)  tanto en la fijación de los salarios como en las condiciones de contratación  (y despido).

Del Pacto de Estabilidad y Crecimiento hasta la modificación de la Constitución

Los principios del Tratado de Maastricht  se reforzarán y endurecerán con el “pacto de estabilidad”, firmado en Dublín en diciembre de 1996. De hecho, se consideran  “imprescindibles”  para cualquier política económica “sólida”. Pero dicha solidez no existe. Los principios fundadores de Maastricht  abandonan las políticas sociales a los Estados, pero limitan las posibilidades de gasto y endeudamiento de cada país miembro.

Los Economistas Europeos, en su último Euromemorandum[v],  explicaban que las medidas de restricción fiscal (que tienen en definitiva su origen en el Tratado de Maastricht) han deprimido la demanda en Europa, han colocado la economía en una situación de virtual estancamiento, y agravarán aún más las dificultades de los países con déficit. Insisten en que la crisis no fue causada por  el déficit público, y que el gran aumento de la deuda pública es más bien el resultado de las medidas adoptadas para rescatar a los bancos, las políticas expansivas para contrarrestar la crisis, y una fuerte disminución de los ingresos fiscales. Así,  a medida que la deuda pública va aumentando, las mismas instituciones financieras que se beneficiaron del rescate se aprovechan  de los desequilibrios en la zona del euro, especulando contra los eslabones más débiles. A ello contribuye la prohibición de emisión de Eurobonos o la imposibilidad de  recurrir directamente al BCE por parte de los Estados –cuando el BCE presta a la banca privada al 1%  los fondos que se recolocarán a distintos tipos a cada Estado que emita deuda, según la “prima de riesgo” que interesadamente fijen agencias tipo Moody’s  o Standard&Poor’s[vi].  Desde finales de 2009, se ha creado un círculo vicioso en el que los inversores financieros  -y  las agencias privadas de calificación-  han interactuado para hacer subir las tasas de interés de la deuda de los países periféricos de la eurozona, hasta lograr que sea prohibitivamente costoso para estos países conseguir nueva financiación.

La Estrategia de Lisboa, o el canto del cisne de la  socialdemocracia europea.

Cuando se  puso en marcha en marzo del 2000, la Estrategia de Lisboa se presentó como un concepto benigno para promover la renovación económica, social y ecológica de la Unión Europea. Se intentó plasmar en una coyuntura en la que había una mayoría de gobiernos más o menos de centro-izquierda de países de la UE, y en los que la socialdemocracia tenía cierta influencia dominante. Sin renunciar para nada a Maastricht, Lisboa prometía construir una ‘Nueva Economía’ basada en la liberación de los mercados financieros, la innovación financiera e Internet. Con todo ello se pretendía  a  una ‘sociedad de la información’ y a una ‘economía basada en el conocimiento’, y se proclamó que la UE iba a convertirse en la región económica más competitiva del mundo[vii].

Aunque ahora resulte doloroso recordarlo,  se preveía una tasa de crecimiento anual del PNB de un 3 %, y conseguir el pleno empleo con más y mejores trabajos y mayor cohesión social, imitando  el supuesto milagro USA de finales de los años 1990, pero con la promesa de mantener una ‘dimensión social’ más equilibrada, acorde con la historia europea.  Sin embargo,  todo el proyecto tenía los pies de barro, y cuando llegó  la recesión económica en el 2001, la UE la padeció con mayor rigor que los USA. El Grupo EuroMemorandum y otras voces críticas del otro lado Atlántico caracterizaron esta crisis como el estallido de una burbuja especulativa (la primera de los tiempos más recientes)… y como ha sucedido con la del 2008, tampoco en aquella ocasión el centro-izquierda tenía ningún  ‘plan B’. Y así  se intensificaron todas las tonalidades del  azul en una Europa en la que los gobiernos de Tony Blair y Gerhard Schröder se alinearon con los de  Aznar,  Berlusconi,  Chirac, Rasmussen, Balkenende y Barroso.

Con esta pléyade en el timón de la UE, la  Estrategia de Lisboa dio paso a recortes de impuestos para la riqueza y el patrimonio,  menor tributación para las rentas más altas y los beneficios de las empresas,  y propició el surgimiento de un mercado dual de trabajo con un amplio segmento caracterizado por  bajos salarios, mayor flexibilidad y menor protección. Las  políticas ‘activadoras’  del mercado de trabajo sólo significaron recortes en la cuantía y duración de los beneficios sociales mientras se inventaban nuevos mantras al estilo de: ‘hacer que el trabajo recompense’, lo cual significaba simplemente la pérdida de protección y derechos al tiempo que los salarios perdían peso en la distribución global de la renta. Empezaron ya entonces las rebajas en la edad de jubilación y los recortes en los sistemas sistema de salud y cómputo de  pensiones.

En el año 2005, ante el fracaso de los objetivos inicialmente perseguidos, se encargó  a un grupo de expertos una revisión de la estrategia a ‘mitad del camino’.  José Manuel Barroso, en calidad de nuevo Presidente de la Comisión Europea, propuso  subsanar el error con mayores errores, y así alentó la liberalización financiera y más ‘reformas estructurales’ referidas a bienes y servicios[viii]  y a los mercados laborales mientras una nueva palabra enriquecía el neo-lenguaje de la UE:  la ‘flexicurity’  tomada de Dinamarca y trasplantada sin más a mercados laborales en los que la precariedad causaba serios estragos[ix] En resumen, la estrategia de Lisboa supuso –aparte de la liberalización del mercado financiero y de los bienes y servicios-  más erosión social y laboral, agudizando el problema de la justicia distributiva  y  dando impulso al  trasvase de rentas de abajo hacia arriba.

De un intento de Constitución Europea fracasado,  al fracaso del “Tratado de Reforma” (2009)

La hegemonía azul de la UE gana en osadía y pretende elevar a rango de Constitución Europea  los principios rectores de Maastricht.  Cuentan con el denuedo de importantes medios de comunicación  y la retórica de  líderes políticos que  “venden” la necesidad de imponer a nivel  supranacional  la constitucionalización de los principios fundacionales. Sin embargo,  la ciudadanía de  los  únicos países en los que se sometió a votación (Holanda, Francia e Irlanda) la rechazaron.

Siguiendo el Euromemorandum de los Economistas Europeos del año 2007[x],  y tras la decepción de quienes esperaban que tras el “No” francés y holandés al borrador de constitución del 2005 se abriría una consulta  amplia y participativa  a los pueblos de la Unión Europea,  los líderes políticos se inclinaron por una reforma del Tratado sin ningún tipo de consultas. Eliminaron  el término “constitución” y otros  símbolos, pero  el texto que finalmente se aprobó,  a espaldas a la ciudadanía,  contiene más del 90 % del contenido del texto anterior en el nuevo “Tratado de Reforma”, manteniendo y acrecentando el  déficit democrático de la Unión, el carácter neoliberal de las orientaciones de política económica y el refuerzo del componente militar de las políticas de la UE.  En definitiva,  el “Tratado de Reforma” tiene esencialmente el mismo contenido que el fracasado “Tratado de Constitución” , eliminando del proceso de ratificación todo vestigio de expresión de la voluntad popular.

Cuando en Octubre del 2010 el Consejo Europeo, (formado por los jefes de Estado y Gobierno de los 27 países que forman la UE) aprobó la reforma, defraudó también las expectativas de la Comisión y el BCE que querían, ya entonces,  un mecanismo de sanciones automáticas para los países que incumplieran el Pacto de Estabilidad.  Se pedían sanciones para los países que mostrasen una deriva presupuestaria “poco saludable” aunque no hubieran superado los límites de déficit y deuda [xi].  Pero lo que no lograron reflejar en el texto comunitario, lo iban a imponer en las respectivas Constituciones de cada país.

Cuando los principios rectores de  Maastricht ocupan las Constituciones:  Gobernanza,  “Semestre Europeo” y el Pacto del Euro

A mediados del pasado año podíamos leer en la prensa que la U. E. había iniciado tres nuevas reformas que abarcaban el crecimiento, la gobernanza y, sin duda, la reforma estelar: El Pacto del Euro con el que pretende mejorar la competitividad y “contribuir a un crecimiento más acelerado y sostenible a medio y largo plazo, generar niveles más elevados de ingresos para los ciudadanos y conservar nuestros modelos sociales”. Una retórica que a estas alturas sabemos perfectamente que no es de fiar, a pesar de que la firmaran  los 27 jefes de Gobierno de la UE en marzo del 2011.

Cada línea de los cientos de folios de nueva legislación es un alegato en favor de los recortes y la austeridad.  Jacques Delors,  europeísta por encima de toda sospecha , llegó a calificar al Semestre Europeo como “el documento más reaccionario producido jamás por la Comisión”.  Mientras el Pacto del Euro reclama una “regla de gasto” o un “freno al endeudamiento” en la Constitución para evitar que el gasto supere al crecimiento de la economía, también  pide a los Gobiernos que no dejen quebrar a las entidades financieras “por el riesgo de colapso del sistema”. En el caso del paquete de gobernanza, la austeridad se aplicará directamente en forma de tijera en el gasto público, con amenazas de multas y sanciones a los países que se encaminen al incumplimiento del Pacto de Estabilidad[xii] e  impondrá la tutela de la deuda pública y un ritmo de reducción de la misma hasta los niveles aceptados.

El Gobierno de España fue  pionero en “constitucionalizar” el espíritu del Tratado de Maastricht al llevar al Parlamento, el pasado verano,  la modificación de la Constitución Española  en el sentido reseñado, aunque ello signifique el recorte de los servicios públicos, en especial de los de salud, en la pendiente de la devaluación democrática.  También Susan George [xiii] a pesar de su declarado europeísmo, nos alertaba del control financiero en la gobernanza europea, en tanto que otra mujer notable, Naomi Klein[xiv], asimilaba la reducción del Estado del Bienestar que la constitucionalización de los principios de Maastricht pueden suponer, a una parte importante de la gran rapiña, del gran saqueo. El desastre puede ser de proporciones incalculables ya que quienes nos lo imponen  deberían defender, por mandato democrático,  los intereses de la ciudadanía.

También en esta ocasión la importancia de la medida rebasa Europa. No ha estado tan alejada ni en concepto ni en el tiempo de la constitucionalización del “tope” al déficit público en los Estados Unidos. No hay que ser demasiado lúcido para entender que dichas limitaciones a la soberanía de los pueblos vienen dictadas por los intereses de los grandes capitales financieros y formuladas por las instituciones que los representan. En  el caso de Europa se trata también de la extensión de los dictados de desigualdad y privatización que rigen el “modo USA”. Lo explicaba muy bien Noam Chomsky [xv]  en un artículo de mayor extensión .   A nivel interno de cada país han convergido diversos factores que crearon un círculo vicioso de extrema concentración de riqueza, sobre todo en la fracción superior del 1 por ciento de la población como ya nos recordó Joseph Stiglitz en su artículo publicado en Vanity Fair[xvi]. En él nos alerta de la concentración del poder político en manos de los poderosos, lo cual provoca  una fiscalidad sesgada, desregulación, y muchos elementos más que en algunos casos limitan –no se sabe de qué lado- con la corrupción.

En cambio,  para la mayoría de la población los salarios reales se han estancado, y han ganado menos por más horas de trabajo.  Las deudas y el desmantelamiento del entramado regulador a partir de la década de los 80 aumentó la precariedad, el paro y el desasosiego, mientras que para los muy ricos se extendía  la póliza de seguro llamada “demasiado grandes para quebrar”.   Chomsky[xvii] lo escribe con toda claridad: los bancos y las empresas de inversión pueden realizar transacciones de riesgo, con grandes beneficios, y en caso de peligro, acudir al Estado para el rescate con el dinero de los contribuyentes. Y nos alerta: Desde los años de Reagan, cada crisis ha sido más extrema que la anterior para la población en general.

A manera de epílogo

La crisis política está poniendo al orden del día en Europa propuestas altamente antidemocráticas, con una peligrosa tendencia hacia soluciones autoritarias, con la subordinación de las políticas nacionales ante  la conservadora política europea común. En Grecia, Portugal e Irlanda se ha suspendido de modo efectivo el control democrático sobre la política económica, mientras en Hungría se emprende un camino autoritario y demasiado peligroso.  Un futuro nada risueño para una Unión Europea que nació –dicen—para preservar la paz y defender la democracia.

Lo que vivimos en España con la reforma de la Constitución demuestra hasta qué punto la crisis ya no es solo económica o financiera, sino política. La concentración de las rentas y la riqueza en pocas manos ha provocado la perversión de la democracia, porque los grandes poderes económicos determinan –aunque pueda significar su propia destrucción—las reglas de la economía. Hace poco afirmaba Robert Reich[xviii] que las desigualdades están arruinando la economía, y  no  puedo estar más de acuerdo. Ni  los USA ni la UE podrán recuperarse mientras no se impongan las políticas que revierten el grado de desigualdad social, y si ese no  es el caso,  la narrativa europea   sólo puede terminar mal, porque quienes podrían rectificar las políticas persisten –a sabiendas-  en el error. A estas alturas ya no vale pensar que se trata sólo de una equivocación de doctrina o de políticas económicas. La saña con que hunden las políticas keynesianas (prohibiéndolas constitucionalmente, tal como ya las expulsaron de la Unión Europea con los últimos Tratados y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y ahora de la Constitución española) no va sólo contra los servicios públicos, que ya de por sí sería muy grave. Va contra la creación de puestos de trabajo y las políticas de empleo, va contra un mínimo de bienestar. A estas alturas,  todos los determinantes de salud han encendido sus señales de alerta. Y todo eso  significa mayor desigualdad  y mayores dificultades para desandar lo andado, hacia una senda de mayor equidad.   Y por tanto, todo nos aleja de una manera que parece irreversible, del  retorno hacia sociedades más estables, menos bárbaras, más solidarias  y democráticas.

 


[i] Este texto está inspirado y sigue en gran medida  los principales argumentos, de los distintos Euromemorandums anuales realizados por el Grupo de Economistas Europeos por una Política Económica Alternativa.

[ii]  También se aprobó la libre  circulación y residencia entre los estados miembros y  mayores atribuciones  al Parlamento Europeo.

[iii] Finalmente, el 1 de enero del 2002, en once de los estados miembros  las monedas nacionales dieron paso a  la nueva moneda europea, mientras se abría una senda de los bajos crecimientos (y aún así, insostenibles), altas tasas de paro y crecientes desigualdades. En la actualidad, son 17 los países que integran la Eurozona.

[iv] Rosa Maria Artal (2011)  La Energía Liberada, Aguilar, p. 79.

[v] Economistas Europeos por una Política Económica Alternativa en Europa – Grupo EuroMemo – La integración europea en la encrucijada: Profundizar  la democracia para lograr la estabilidad, la solidaridad y la justicia social– EuroMemorandum 2012 –

[vi] El BCE presta a la banca privada al 1% unos fondos que serán recolocados en bonos o deuda del Estado, según países, del 3%,  al 15% en el caso de las  economías más vulnerables, como Grecia.

[vii] Economistas Europeos por una Política Económica Alternativa en Europa (Grupo EuroMemorándum) Europa en Crisis: Crítica del fracaso de la UE en responder a la crisis, Euromemorandum 2009-10.

[viii] Se trata de la famosa “Directiva de Servicios” también conocida como Bolkestein (2006) para liberalización de servicios, afectando también servicios públicos fundamentales.

[ix] Ver al respecto Barbarà, Antoni, Benach, Joan, Martínez-Castells, Angels y Declaración en: http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2010/03/07/dossier-de-la-jornada-salut-a-europa/

[x] Grupo EuroMemorandum Pleno Empleo con trabajo digno, Servicios Públicos potentes y Cooperación Internacional Alternativas democráticas a la pobreza y a la precariedad en Europa – EuroMemorandum 2007

[xi] Establecidos en el 3% y el 60% del PIB, respectivamente.

[xii]  El Pacto de Estabilidad fija el límite para el déficit  en el 3% del PIB y de la deuda  en el 60% del PIB.

[xvii] Chomsky. Ibídem.

 
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Publicat per a 17 març 2012 in Europa

 

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Euromemorandum 2011-2012: La integración europea en la encrucijada


Finalmente puedo ofrecer, con Miren Etxezarreta, la traducción al castellano del Euromemorandum de los economistas Europeos por una Política Económica Alternativa en Europa (Grupo EuroMemo) que lleva por título “La integración europea en la encrucijada: Profundizar la democracia para lograr la estabilidad, la solidaridad y la justicia social”.

Se puede consultar en slideshare todo el contenido, pero no dejen de leer su Introducción, porque seguro que se darán cuenta de su gran interés. El Grupo Euromemo nos dice:

“La profundización de la crisis en la eurozona amenaza el futuro de la integración europea. En cada etapa de la crisis, las autoridades sólo han respondido con el mínimo necesario para hacer frente a la situación inmediata, y no han hecho nada en absoluto para abordar los problemas fundamentales. En lugar de desafiar con fuerza el poder de las instituciones financieras que están conduciendo la crisis, las autoridades europeas han impuesto políticas de austeridad que suponen durísimas dificultades para la inmensa mayoría de ciudadanos en toda la Unión. Estas políticas no sólo no hacen frente a las causas de la crisis, sino que la forma autoritaria y antidemocrática con la que se están promoviendo amenaza también con socavar la legitimidad de todo el proyecto de integración europea.
La crisis no fue causada por los déficits públicos. Se originó en el sistema financiero de los EE.UU. como resultado de las políticas con las que se trataba de contrarrestar décadas de estancamiento de los salarios, permitiendo que los hogares de la clase obrera y de la clase media financiaran su mayor consumo endeudándose en base al aumento de los precios de la vivienda. Las políticas adoptadas por la Comisión Europea poco después de la introducción del euro en 1999, intentaban impulsar en Europa un sistema integrado pero poco regulado, muy inspirado en el sistema de los EE.UU., mientras los grandes bancos europeos deseaban con ansia la mayor rentabilidad que parecía ser una realidad en los EE.UU. El colapso de la burbuja en el precio de la vivienda en los EE.UU. desató la crisis financiera en 2007, y cuando la crisis se agudizó en septiembre de 2008 los principales bancos de EE.UU. y Europa se vieron amenazados de quiebra. Sólo pudieron ser rescatados con una intervención gubernamental a gran escala. La crisis bancaria, a su vez, condujo a un colapso del crédito y una caída importante de la producción en el último trimestre de 2008 y el primer trimestre de 2009. La producción en Europa se redujo en casi un 5% y sólo pudo prevenirse una recesión aún más profunda con medidas gubernamentales que aumentaron el gasto y redujeron los impuestos.

El gran aumento de la deuda pública no es, por tanto, la causa de la crisis, sino más bien el resultado de las medidas adoptadas para rescatar a los bancos, las políticas expansivas para contrarrestar la crisis, y una fuerte disminución de los ingresos fiscales. Pero a medida que la deuda pública ha aumentado, las mismas instituciones financieras que se beneficiaron del rescate se han aprovechado de los desequilibrios en la zona del euro, especulando contra los eslabones más débiles. Desde finales de 2009, se ha creado un círculo vicioso en el que los inversores financieros y la opinión de las agencias privadas de calificación, han interactuado para hacer subir las tasas de interés de la deuda de los países periféricos de la eurozona, hasta lograr que sea prohibitivamente costoso para estos países conseguir nueva financiación. Esto comenzó en Grecia, cuyo déficit público era del 5% antes de la crisis (principalmente debido a la disminución de los ingresos fiscales), pero que subió al 15% en el 2009. Si bien la escala de apoyo que Grecia y otros pequeños países periféricos necesitan es relativamente modesta, la especulación se ha vuelto contra los países más grandes, entre ellos España (que en realidad tuvo un superávit en el presupuesto público antes de la crisis), Italia e incluso Francia. De hecho, el déficit público en la zona del euro es inferior al de los EE.UU. o Gran Bretaña, pero estos dos países son capaces de financiar el déficit a través de sus bancos centrales, una política que por la insistencia de Alemania es rechazada por las autoridades europeas. En la medida que los bancos europeos, una vez más, pagan grandes primas [a sus dirigentes] y utilizan el dinero de los contribuyentes como seguro, los ciudadanos europeos se ven exprimidos para pagar por la crisis de la financiación estatal que, como resultado, se ha transformado en una profunda crisis social y política.

La crisis social es más profunda en los países de Europa del Este, que se vieron obligados a adoptar programas de estricta austeridad como condición para lograr ayudas para su balanza de pagos en 2008 y 2009, y en los países de la periferia, que se han visto obligados a recortar salarios y gasto público como condición para conseguir la ayuda de la eurozona en los años 2010 y 2011. Las políticas de austeridad han llevado a una división social cada vez mayor, tanto en los propios países como entre países. Como los gobiernos se esfuerzan por asegurar su solidez ante los mercados financieros recortando el gasto, enfrentan a los ciudadanos de unos países con los de los otros que en algunos casos son más rico. Este es un terreno fértil para el populismo anti-UE, que muestra signos preocupantes de fortalecerse en varios Estados miembros, entre ellos algunos países que fueron incondicionales partidarios de la UE, como Finlandia y los Países Bajos.

La crisis política está provocada por las propuestas altamente antidemocráticas que las autoridades europeas están dando en respuesta a la crisis, con una peligrosa tendencia hacia soluciones autoritarias. Las nuevas propuestas fiscales adoptadas por el Consejo Europeo de marzo de 2011, en tanto que aparentemente versaban sobre la coordinación de políticas, se ocupaban en gran medida de que la Comisión Europea pudiera imponer sus políticas a los Estados miembros recalcitrantes. Jean-Claude Trichet, cuando era presidente del Banco Central Europeo, y Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de Finanzas, han hecho llamamientos para una política fiscal europea común, pero en ambos casos se han reconducido a garantizar una mayor disciplina financiera, y a una mayor subordinación de las políticas nacionales a la profundamente conservadora política europea común, en lugar de avanzar hacia un enfoque europeo controlado democráticamente. En Grecia, Portugal e Irlanda, sujetos a los paquetes de rescate de la UE, se ha suspendido de modo efectivo el control democrático sobre la política económica por un futuro previsible. Y en la medida que la crisis en la zona del euro se intensificó en octubre de 2011, el control en la formulación de políticas quedó en manos de sólo dos Estados miembros -Alemania y Francia- con Alemania supervisando la ejecución en los puntos clave. Por el contrario, la propuesta griega de buscar legitimidad democrática para las políticas de gobierno mediante un referéndum, fue tratada con desprecio.

Es necesario un enfoque fundamentalmente diferente en lugar de las políticas antisociales y antidemocráticas que amenazan con minar la base misma de la solidaridad europea. La perspectiva de una prolongada austeridad y un enfoque simplista en la disciplina fiscal socavan las bases para la recuperación económica, no sólo para los países duramente afectados por la deuda, sino también para todos los otros estados cuya prosperidad se basa en el mercado europeo – entre ellos Alemania. Los países más directamente afectados por la crisis de la deuda sólo serán capaces de resolver sus problemas a través de políticas que promuevan el crecimiento, y no con políticas de austeridad. Pero esto plantea un desafío aún mayor: Mientras la salida de la crisis de la deuda requiere políticas que promuevan el crecimiento, la sostenibilidad exige la adopción urgente de políticas que aseguren una reducción masiva del consumo de recursos no renovables y de la emisión de gases de efecto invernadero y otros contaminantes.

Los líderes políticos de la Unión Europea y sus Estados miembro han fracasado rotundamente en dar respuesta a estos retos, pero hay voces que piden una alternativa. Mientras que los sindicatos han tratado de luchar contra el impacto de las políticas oficiales, las nuevas formas de protesta popular, como los Indignados, que surgieron por primera vez en España, han encontrado un eco en muchas partes de Europa. Al igual que el movimiento Occupy Wall Street en los EE.UU., han planteado cuestiones fundamentales sobre la distribución de la riqueza y el poder en nuestras sociedades.
Como en años anteriores, este EuroMemorandum pretende establecer un análisis crítico de los últimos acontecimientos económicos en Europa y presentar las bases para posibles políticas alternativas. Pretende contribuir a la discusión crítica de los movimientos intelectuales y sociales en Europa, y en solidaridad con todos aquellos que luchan contra el impacto de las políticas profundamente regresivas y anti-sociales de las autoridades europeas.”

Y por si les ha interesado y quieren saber más:

 
 

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