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La “banalidad” de un rescate de 23.500 millones, la “normalidad” de la IMPUNIDAD

Ha sido un difícil ejercicio de contención seguir la rueda de prensa del presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri.  En especial, cuando ha insistido en pedir una prudencia extrema (es decir, mejor ABSTENERSE) de exigir responsabilidades por la crisis de la entidad bancaria. El “rescate” de la misma ya asciende a los 23.500 millones, y sobrepasa en mucho el importe total de lo que de Guindos decía que el gobierno pensaba dedicar a TODA la banca española con problemas. Pero el PP ya sabemos que es así: todo para sus ovejas negras, y para el resto de la sociedad, para los servicios públicos, y en especial para la sanidad y la educación, tan privatizables ellas, ¡ni agua!

En un arranque de debilidad le atribuyo a Goirigolzarri la capacidad de sonrojarse ante determinados pasajes de su intervención… Nadie que no esté muy entrenado puede aparecer ante los medios haciéndose cómplice de la estafa financiera más descarada de los últimos tiempos sin sentir algo de rubor. Pero es posible que se lo haya tomado a modo de entreno para la próxima junta de accionistas de Bankia convocada para el 29 de junio, en la que estoy segura seguirá con la táctica de echar balones fuera. Todo el mundo tiene la culpa de que hayan malversado, malgestionado y estafado, menos los políticos y los gestores ineptos y corruptos del PP y afines.  Por ello, llegamos al punto INJUSTIFICABLE:  el presidente de Bankia pide extremar la prudencia a la hora de exigir responsabilidades por la crisis de la entidad.

Viendo la “representación” del presidente de Bankia,  he recordado  que en marzo del 2009 Shoshana Zuboff, profesora de Administración de Empresas en la Harvard Business School, publicó en el BusinessWeek su artículo  “Delitos Económicos de Wall Street contra la humanidad”  en el que denunciaba que determinadas empresas (o Bancos)  recibieran grandes ayudas y subsidios, a pesar de las consecuencias negativas que su actuación había tenido para millones de personas. Cuando veía hoy al presidente de Bankia (o ayer, a Rato, en una conferencia que dio y que seguramente cobró de manera generosa) recuerdo también que Zuboff relaciona los estragos de la crisis que vivimos con lo que Hanna Arendt  acuñó como “la banalidad del mal”…. La representan perfectamente estos señores que aparecen tranquilos y bien peinados frente a los medios, que se parecen a nuestros vecinos, y que sin alterarse ni despeinarse, cometen crímenes económicos que pretenden impunes contra la humanidad,  sin que su voz se altere ni un solo decibelio…

Shoshana Zuboff deja bien claro que la crisis económica no es el Holocausto. Pero, dicho esto, sí piensa que este modelo económico en el que vivimos “produce el mismo tipo de alienación e inconsciencia, agravado por la supresión generalizada de los juicios morales. A medida que aprendemos más sobre el comportamiento de nuestras instituciones financieras, vemos que casi todo el mundo acepta un sistema duro e irresponsable que recompensa a sus “insiders” pero niega que tengan ninguna responsabilidad por las consecuencias de sus transacciones. Sienten  desprecio por el “otro” , por los “outsiderrs”, y no parecen sentir ninguna emoción al privar de casa a tantas familias mediante el mecanismo de hipotecas, o sin ahorros por en engaño de las “preferentes”…

Al igual que lo que sucede con las personas que se ven desatendidas por el sistema sanitario -y puedfen llegar a morir-  el sufrimiento de una familia obligada a abandonar su casa o la de un jubilado expuesto a perder su pensión, parece (y es) invisible para los ”insiders”, y a efectos prácticos no existe. Y continúa: “Desde los días de Eichmann en Jerusalén, nuestra comprensión de los derechos humanos ha evolucionado para incluir los derechos económicos, sociales y culturales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la ONU incluye “la promoción del progreso social y elevar el nivel de vida con mayor libertad”… pero nos siguen pidiendo (exigiendo) IMPUNIDAD para sus crímenes.

Para consternación del mundo, miles de hombres y mujeres encargados de nuestro bienestar económico están fracasando sistemáticamente en cumplir con las nomas básicas de una conducta civilizada y no parecen capaces de discernir entre el bien y el mal. Y lo que es peor, parece que no existen instancias jurídicas capaces de hacerles responder por sus acciones. La seguridad de millones de personas en todo el mundo ha quedado amenazada o destruida por cómo los responsables políticos abordan las políticas que imponen bajo el shock de la crisis (releer a Naomi Klein y a Susan George), y nadie que no sea “insider” (o lo que es lo mismo, una persona con grandes recursos económicos) parece estar a salvo.

La banalidad del mal se oculta dentro de un modelo económico ampliamente aceptado que puede poner a personas y pueblos en situación de precariedad y de riesgo., sin qiue nadie rinda  cuentas por su conducta, y por los derechos que conculcan. Y  la impunidad ya parece moneda de curso legal entre los políticos amparados por la corrupción, escondidos detrás de “los mercados”, guiados por la cobardía y la insolidaridad hacia las personas por las que se supone deben gobernar en aras del “bien común”.

Pero esto sólo será así hasta que nosotros lo toleremos. Creo que la rueda de prensa de hoy del presidente de Bankia puede haber añadido una gota decisiva a una paciencia ya colmada….

Ver también el artículo sobre los crímenes económicos contra la humanidad de Lourdes Benería y Carmen Sarasúa.

 

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José Saramago: Manifiesto contra el paro


La gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo nos trae la angustiosa sensación de que hemos llegado al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación. ¿Qué hacemos nosotros, que presenciamos, impotentes, al avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales?

¿Podemos dejar la salida de la crisis en manos de los expertos? ¿No son ellos precisamente, los banqueros, los políticos de máximo nivel mundial, los directivos de las grandes multinacionales, los especuladores, con la complicidad de los medios de comunicación social, los que, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría, nos mandaban callar cuando, en los últimos treinta años, tímidamente protestábamos, diciendo que nosotros no sabíamos nada, y por eso nos ridiculizaba? Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto- reformable y auto-regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.
¿Y ahora, cuando cada día aumenta el número de desempleados? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, del narcotráfico y otras actividades canallas? ¿Y las expedientes de crisis, hábilmente preparados para beneficio de los consejos de administración y en contra de los trabajadores?

¿Quién resuelve el problema de los desempleados, millones de víctimas de la llamada crisis, que por la avaricia, la maldad o la estupidez de los poderosos van a seguir desempleados, malviviendo temporalmente de míseros subsidios del Estado, mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de cantidades millonarias cubiertas por contratos blindados?

Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser analizado en los foros públicos y en las conciencias. No es exageración. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es también el que los poderes financieros y económicos, con la complicidad efectiva o tácita de los gobiernos, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder lo que les queda, su casa y sus ahorros, después de haber perdido la única y tantas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.

Decir “No al paro” es un deber ético, un imperativo moral. Como lo es denunciar que esta situación no la generaron los trabajadores, que no son los empleados los que deben pagar las injusticias y los errores del sistema.
Decir “No al paro” es frenar el genocidio lento pero implacable al que el sistema condena a millones de personas. Sabemos que podemos salir de esta crisis, sabemos que no pedimos la luna. Y sabemos que tenemos voz para usarla. Frente a la soberbia del sistema, invoquemos nuestro derecho a la crítica y nuestra protesta. Ellos no lo saben todo. Se han equivocado. Nos han engañado. No toleremos ser sus víctimas.

José Saramago

Visto en el blog de Javier López

 
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Publicat per a 1 desembre 2009 in Economia crítica

 

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