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Ni os doblaron, ni os doblegaron, ni os derrotaron

03 ago

Llego de Torres, de un curso de verano irrepetible organizado por Rosa Maria Artal en el que se buscaban respuestas válidas a tantas respuestas-trampa sobre la crisis económica y el fracaso de la democracia (entre unos interrogantes cada vez más ténues). Pero entre los muchos mails que esperan en mi bandeja de entrada está uno que me conmueve profundamente, de mi amigo Zana. Y ya no dudo sobre qué voy a escribir. Lo de Torres lo ha empezado a contar Rosa y Juan Tortosa, y más que se sabrá, seguramente, siguiendo los blogs de las personas que coincidimos en la Universidad de Verano cuyo director académico es Baltasar Garzón. Además, en la página web de la Fundación Internacional que preside su hija, María Garzón, tan comprometida como su padre, se colgarán los videos de las sesiones. No habrá mejor documento para entender lo que ha sido la experiencia de la Universidad de Verano de Jaén en la tierra natal de Baltasar Garzón.

Pero la voz de los compañeros y compañeras de las minas lleva demasiados días ausente en este blog. Por tanto, considero un honor poder reproducir las palabras de alguien que, además de amigo, ha sabido explicar el compromiso de una lucha justa y ahora, la dignidad de una retirada que estoy segura, sólo puede ser -por el bien de todas las clases trabajadoras de este país- transitoria. Dice Zana: “muchos padres dicen que tiene el éxito y muchos padrastros la derrota…no seré yo quien me aleje de los mineros en estos momentos. Su ejemplo ha servido para que en los trabajadores, de todo el mundo, no sólo de España, se reinicie algo que el capitalismo se había encargado de adormecer: las ganas de ganar…

Comparto esta voluntad de vencer, Zana, y tampoco me alejo de la justicia de vuestras reivindicaciones, ni de vuestro orgullo y valentía…con un abrazo fuerte y solidario, aquí estamos, y seguimos.

A LOS MINEROS, COMO EJEMPLO A SEGUIR

Ni os doblaron, ni os doblegaron, ni os derrotaron

En una sociedad en la que la mentira es el aire que respiramos, porque en ella, en la mentira, no hay ningún tipo de justicia, ninguna dignidad, vuestra lucha ha sido, es, una realidad. Y ese simple hecho, la certeza de haber luchado, ha de haceros sentir orgullosos.

Es una realidad, como que la hulla es negra y hermosa, que los Mineros habéis conseguido, en estos dos meses de dura lucha, muchas, y muy importantes, cosas. Aunque ahora no lo parezca, entre otros motivos porque los sicarios del Sistema se encargan de que esa sea la sensación, ellos están muy preocupados, por eso insisten en haceros creer que todo vuestro esfuerzo ha sido inútil. Por eso intentan deciros de que estáis solos, que los aplausos pasaron, que los periodistas se fueron, que nada conseguisteis. Como si no fuese en sí ya una victoria el valor de defenderse.

Aclaro a esos desertores de la dignidad que si fuese el caso, que no lo es, cargo con mi porcentaje de culpa en el resultado final de esta lucha. Y recalco: si fuese el caso, que no lo es. No estáis solos, muchos estamos con vosotros.

 Muchas son las cosas que vuestra lucha nos ha dado. Nos habéis recordado que si miles de arañas juntasen sus débiles telas pueden vencer al más fiero león, aunque éste se llame liberalismo. Incluso su poderosa maquinaría de “ingeniería del consentimiento”, esa que se encarga de modelar opiniones, veredictos, tendencias o percepciones, se ha visto desbordada por vuestro valor, por vuestro empuje y sacrificio. Sí, la mejor lectura que podéis, podemos, sacar de esto es que la lucha tiene sentido, que juntos se consiguen cosas (cosas que otros disfrutarán habiendo estado tumbados en el sofá. Y lo harán sin sentir ni un ápice de vergüenza, allá ellos).

Vuestro ejemplo ha servido para que en los trabajadores, de todo el mundo, no solo de España, se reinicie algo que el capitalismo se había encargado de adormecer: las ganas de ganar. Vuestro ejemplo nos ha ratificado que una lucha que se lucha, hasta el fin de las fuerzas, siempre es una buena lucha. Permitidme que os diga, con toda sinceridad, que vuestra dignidad, heredada de aquellos irremplazables mineros luchadores antifascistas, ha salido intacta. Es más, me atrevería a decir que ha salido reforzada. Enhorabuena. Luchadores.

Cuando la tranquilidad se asiente será el momento, y no antes, de hacer valoraciones profundas. Será en esa equidistancia necesaria, y desde el prisma científico del que hablaba Auguste Comte, desde donde se tenga que valorar y analizar el conflicto minero. El tiempo pone a cada uno en su sitio.

Sé que algunos de esos “amigos del sofá”, esos que en ningún sitio estuvieron, en ningún sitio donde los que estaban eran los dignos, querrán sentirse felicitados por estas mis palabras. Usad vuestra generosidad, dejadles que se recreen, en cada palabra que aquí lean, en cada halago merecido que a vosotros os hago, va su penitencia. Seguirán ciegos, vanidosamente ciegos. No entenderán.

Mis palabras sé que no tienen ningún valor especial, lo único que puedo deciros es que os las he escrito desde el orgullo de ser y sentirme minero. Uno más de y entre vosotros. Muchísimas gracias por todo. Compañeros.

Una serie de reconocimientos “especiales”.

En primer lugar a Las Mujeres de la mina, “Mineras” por mérito propio. Orgulloso, muy, muy, orgulloso de vuestra constancia, entrega, lucha y dignidad. ¡¡¡Chapeau!!!

A Miguel A. Iglesias y Rubén Darío Marcos (y por extensión a quienes ellos estimen) cabezas visibles de las organizaciones que han llevado el peso, el desgaste y las críticas, y que han estado ahí, dando la cara, hasta el último aliento.

Otro reconocimiento, no menos sincero, es para todas aquellas personas que, desde la lejanía geográfica y profesional, han mostrado su apoyo, absoluto, constante, fiel y desinteresado a la lucha de los mineros. A tod@s, pero muy especial y personalmente a: Ángels Martínez Castells, Salvador López Arnal, Virginia Mataix, Willie Toledo, Juli López, Jesús Brandulas, María José Rodríguez Rejas, Olmo Couto, Piedad Belmonte y Frederic Schmalzbauer, María Cañizares y Jorge Valencia. Muchas gracias.

Al Pueblo de Ciñera, del que ya no hace falta decir nada porque es ya un símbolo de la lucha obrera.

Y para terminar, con el corazón encogido por la emoción, gracias a: Sócrates, Ezequiel, Salva y Samuel…, impagables, irremplazables, valerosos… buena semilla.

Zana

 

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